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Desde el Corazón

QUERIDA LUPITA:
Mi hijo ha estado leyendo a escritores comunistas. Se ha alejado de Dios, ha dejado de ir a Misa y nos habla de que los ricos son insensibles a las necesidades de los que menos tienen. Dice que los católicos son hipócritas y que Dios es injusto. ¿Cómo ayudarlo a reencontrar en Cristo sus respuestas?
Georgina Z

HERMANA MÍA, GINA:
Nuestros jóvenes perciben con dolor las diferencias entre aquellos que lo tienen todo y quienes carecen incluso de lo indispensable. Esto está inscrito en el corazón humano, estamos llamados a generar una cultura de solidaridad y a ayudarnos todos como hermanos.
Cuando alguien se vuelve superficial e insensible, descarta a los demás y acrecienta un individualismo que propicia injusticias.
Es fundamental educar a nuestros hijos desde pequeños en el desarrollo de una piedra angular: la sensibilidad social. Esto es, darles el empeño de servir, que se preocupen por el bien de los demás.
San Juan Pablo II expresó en el seminario Palafoxiano de Puebla, México (1979), la necesidad de incrementar el sentido de solidaridad en cada familia:

“Familias que disfrutan de bienestar, no se cierren dentro de su felicidad, ábranse a los demás para repartir lo que no necesitan y a otros les falta. Familias oprimidas por la pobreza, no se desanimen, busquen con la ayuda de todos superar los pasos difíciles en la espera de días mejores.
Familias angustiadas por el dolor, probadas por la enfermedad, no acrecienten sus sufrimientos con la amargura o la desesperación, sino sepan amortiguar el dolor con la esperanza. Familias todas de América Latina, estén seguras que el Papa les ama con delicadeza de padre”.

SENSIBILIDAD SOCIAL
Los padres tenemos el deber de cuidar el aspecto social de la formación de nuestros hijos desde los primeros años, despertando en ellos una profunda sensibilidad a las necesidades de los demás y motivándolos a remediarlas de acuerdo a las propias posibilidades.
¿Hay alguien enfermo en casa?, necesita nuestro aliento y consideración. ¿Algún vecino está solo o enfermo?
Visitémosle y llevemos algo preparado por nosotros mismos. ¿Hay una zona de casas humildes cerca de nuestro vecindario?, llevemos alimentos y enseres de hogar que en casa no necesitamos. ¿Hay una parroquia, movimiento
o asociación que hace el bien de forma organizada? ¡Unámonos a ellos!


La mejor forma de hacer volver a nuestros hijos a Dios, además de la oración perseverante, es el testimonio coherente de vida cristiana.


Lupita Venegas/Psicóloga
Facebook: lupitavenegasoficial

@arquimedios_gdl

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Papa Francisco

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