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JORGE MONROY
SERGIO HERNÁNDEZ MADERA

En dos momentos de grandísimo relieve para la capital de Jalisco, el segundo centenario de su establecimiento en el valle de Atemajac (1842) y el tercero (1942), dos genios de la pluma y de la sabiduría, Mariano Otero y Agustín Yáñez, reconocieron a Fray Antonio Alcalde como el responsable supremo del proceso que elevó a Guadalajara, a partir de 1792, al rango de segunda ciudad en importancia de México. Si ello fue así, lo atribuimos ahora a la visión de estadista con la que este mitrado tachonó su ciudad episcopal con la mancuerna humanismo / humanitarismo a fin de convertirla en una casa común y hoy dilatadísima zona metropolitana. Atendiendo a ello, la ciudad acaba de recrear, en extremo norte del Paseo dedicado a la memoria del Siervo de Dios y al filo del mismo, lo que hace 80 años puso en letras del molde un genio literario tapatío.
UN ‘EXVOTO’ LITERARIO DE AGUSTÍN YÁÑEZ AL GENIO DE LA CARIDAD
“Figura de traza colosal, en la palma de la mano derecha levanta una teoría de construcciones religiosas y civiles; con la mano izquierda rescata a un menesteroso de las fauces de un dragón que tiene cuatro cabezas; como bordado, el imaginero fue decorando la cogulla con múltiples motivos, a modo de ex-votos: corazones, manos, ojos, brazos, cazuelillas, frutos, panes, arados, reses; aurora boreal nimba la flaca y fina cabeza del personaje, cuyas plantas discurren por un valle de lágrimas; entre los esplendores de la aurora vuela una paloma con cabeza de búho.
“Esta imagen -al temple- es de fray Antonio Alcalde; esas edificaciones que ofrece su diestra mano son el barrio que acreció a Guadalajara por el viento norte; la iglesia con espadañas, el Santuario de Guadalupe; la de torrecilla mínima y luminosa cantería, el templo de Belén, el gran hospital y el cementerio; este caserío, el regalado a los pobres; aquellas cocinas, las que en diversos barrios, durante el año del hambre, dieron de comer cotidianamente a dos mil necesitados; ese caserón, el Beaterio; la humanidad doliente es el menesteroso asido a la mano izquierda y el dragón de cuatro cabezas representa al hambre, a la peste, a la usura y a la desocupación; esos ojos pintados en el hábito del fraile son los cientos de ignorantes que aprendieron a leer en las escuelas fundadas por Alcalde; las manos trémulas que cuelgan del cinto monacal son las que recibieron granos, prendas de vestir, refacciones agrícolas, también éstas significadas por arados, reses y frutos; los brazos representan a los que hallaron quehacer en las industrias y talleres abiertos por el santo varón; los corazones, las cazuelillas, los panes cantan la caridad insigne de Fray Antonio y perpetúan el amor de la ciudad; la aurora boreal es aquella que -entre tantas calamidades: hambre, peste, sismos-regocijó a Guadalajara el sábado 14 de noviembre de 1789, testificándole la gloria de su Obispo; el ave con cabeza de búho simboliza a la Universidad de Guadalajara, cuya fundación decidieron las instancias del Prelado, quien la dotó, pero no pudo inaugurarla: Fray Antonio murió -en la suma pobreza personal- el martes 7 de agosto de 1792 y la universidad abrió sus puertas el sábado 3 de noviembre de ese mismo año.” (Agustín Yáñez, Genio y figuras de Guadalajara, Ábside, México, 1942, pp. 53).
DESCRIPCIÓN DE LA OBRA PICTÓRICA DE LA PRESIDENCIA MUNICIPAL TAPATÍA
El 4 de marzo del año en curso 2023, el Alcalde de Guadalajara Pablo Lemus, acompañado por Fernando Alcalde Bravo y sus hijas Elena e Inés Alcalde López, debelaron el mural “Fray Antonio Alcalde descrito por Agustín Yáñez”, en el muro sur de la segunda planta del patio central del Palacio Municipal de Guadalajara.
Se trata de una pintura de 2 m de altura por 3 m de largo, hecha bajo la técnica de pintura acrílica sobre un bastidor metálico recubierto de una placa de concreto llamado durock y preparada la superficie con una pasta gruesa de 6 mm, hecha de marmolina y acrilato para obtener como resultado el equivalente a un muro artificial.
Realizarla llevó, entre el diseño y la ejecución, un año. El boceto, de carácter figurativo realista, se hizo a partir del texto de Agustín Yáñez con el que comienza esta columna y la iniciativa de llevarlo a cabo e instalarlo en el Paseo Fray Antonio Alcalde fue del Mtro. Juan José Doñán. La selección de imágenes se hizo con la asesoría del presbítero Tomás de Híjar Ornelas, para luego colocarlas en la composición de forma proporcionada y armónica en atención al rango de importancia de cada una, incluso los conceptos abstractos, tan difíciles de convertir en lenguaje de formas y colores.

Por ejemplo, ante la descripción de Yáñez “…aurora boreal, nimba la flaca y fina cabeza del personaje, cuyas plantas discurren por un valle de lágrimas” apela a un lenguaje más lírico que narrativo, dejándole al pintor el reto de volcarlo en imágenes.

Se ofreció el pre proyecto a la consideración de quienes debían opinar, se hicieron correcciones antes de que saliera otro y otro hasta el definitivo.
Por cierto, el primer proyecto era de otras dimensiones, mucho más alargado, pues se planteó para el muro del Santuario de San José de Gracia que ve al oeste, de modo que donde finalmente quedó implicó hacer más cuadrado el boceto y redimensionarlo todo a la nueva medida.

Respecto a los colores, escogí del circulo cromático solo dos terceras partes para tomar la parte de los colores cálidos y excluir la de los fríos alrededor del verde: ni amarillos verdosos ni azules verdosos, los azules que aparecen son cálidos. Esta solución le da al mural un colorido armónico, sin tener que recurrir a grandes contrastes de color. En lo que puse más la intensión fue en el contraste del claroscuro; para que la figura “de talla colosal” fuera más imponente, hubo de destacarla muy oscura contra un fondo siempre claro.

Ayudó mucho que el hábito blanco de los frailes predicadores lleva en ocasiones solemnes una capa negra, que no esconden las mangas albas de la túnica. El resultado quedó así: la figura resalta por sus proporciones a todo lo alto del mural y por el contraste de claroscuro.
EL MURAL ALCALDEANO EN MOSAICO
Este mural lo hicimos el equipo de la empresa que fundé y dirijo, Alto Diseño en Mosaico es su nombre y su marca HERMA. Intervinimos en su confección y montaje 24 personas, todas del taller, incluyendo a los ‘colocadores’ y sus ayudantes.
El mural apenas instalado cubre 54 m2, consta de 540,000 piezas de 1cm. x 1cm denominadas teselas y tiene 250 diferentes tonalidades básicas, aclarando que cada partida contiene diferentes matices: veteados, manchados y texturizados.
El diseño del mural nos lo entregó el pintor Jorge Monroy en diciembre del 2022. En enero del año en curso comenzamos a hacer acopio de la máxima cantidad de tonos posibles para igualar el colorido del diseño original del maestro, lo cual implicó la más de las veces producirlo y en ocasiones darnos a la tarea de obtenerlo de otro lugar.
Montar las teselas en la estructura instalada en la confluencia del Paseo Fray Antonio Alcalde con las avenidas Normalistas y De los Maestros nos llevó dos semanas, hasta el miércoles 5 de julio, días, por cierto, cuajados se sol y calor, no obstante, con la motivación de estarle regalando a la ciudad una explicación del origen de sus raíces y cualidades esenciales: la naturaleza pródiga del valle de Atemajac, su vocación y esencia de casa común y la sustancia impoluta de un Genio de la Caridad que lo trascenderá todo siempre, Fray Antonio Alcalde.

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