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Francisco Josué Navarro Godínez, 1° de Teología

¡Amor a la sabiduría! Este es el significado que guarda en sus raíces la palabra filosofía y de allí se levanta un gran árbol, fuerte y frondoso, que parece tocar el cielo, pero que a pesar de su altura, dista muchísimo del celeste firmamento, donde podemos ubicar la sacra Teología.

La filosofía es el estudio de todas las cosas por sus últimas causas a la sola luz de la razón, es el esfuerzo de la inteligencia por conocer y comprender todo cuanto existe, ¡qué hermoso don nos ha concedido el Señor! Dar una explicación sobre Él, el mundo y nosotros mismos.

El estudio de la «Madre de todas las ciencias» como podemos llamar a la Filosofía, es un requisito necesario en la formación sacerdotal, esto por lo menos por dos motivos, el primero es para lograr en el futuro sacerdote una mente bien estructurada y crítica, y luego para tener las bases de las cuales se valdrá el estudio teológico para su desarrollo, esto porque la fe y la razón no están divorciados, sino que se complementan, es el mismo hombre quien hace el esfuerzo de buscar a Dios y a quien Dios se le revela con verdades que lo trascienden.

Así pues, la mañana del pasado primero de julio los seminaristas del tercer año de filosofía presentaron el examen «De Universa», con el que obtendrían la licenciatura en Filosofía,siendo evaluados por dos tribunales sobre los principales tratados filosóficos: Metafísica, Epistemología, Antropología, Ética, Filosofía de la Naturaleza, Historia de la Filosofía y Teodicea. El resultado fue satisfactorio.

Al día siguiente, los 49 jóvenes levitas, acompañados por sus familiares, amigos y bienhechores, dieron gracias a Dios por este gran logro, que lejos de ser mérito personal, es del Divino Maestro que les llamó, y de las oraciones y apoyo económico y moral de tantas personas que han sido impulso y motivación para seguir en el camino.

La Eucaristía fue presidida por el padrino de generación, el Excmo. Sr. Obispo Eduardo Muñoz Ochoa, y concelebrada por los padres formadores y amigos sacerdotes. Sin duda fue una celebración vivida con mucha devoción, solemnidad y profunda gratitud por los bienes recibidos.

Después de la Santa Misa, se llevó a cabo el acto académico donde, una vez entonado el himno del Seminario Diocesano, se hizo entrega de diplomas a los graduados, y las becas otorgadas a los seminaristas de la facultad de Filosofía. Fue particularmente interesante la intervención de Mons. Eduardo, pues compartía cómo la filosofía forja una «forma mentis», una estructura que rompe con nuestra antigua forma de pensar, para darnos un pensamiento abierto, no entendido como open mine que nos llevaría, como de hecho se está viviendo, a ideologías, sino abierto para observar, discernir y criticar la realidad, es más, para observarla tal como Dios lo hace, y entonces se generará un «sensus Christi» es decir, amar con el mismo amor de Cristo, amar con sus mismos sentimientos.

Siendo el Sr. Obispo profesor de la generación graduada, afirmaba en sus clases que Cristo no solo seducía el corazón sino también la mente y que allí radicaba la estrecha relación de la Teología y la Filosofía.

Después del acto académico se compartieron los alimentos en un ambiente de gozo y gratitud.

Ahora que estos jóvenes han terminado la etapa discipular, donde estudiaron y conocieron la verdad, se adentrarán a la etapa configurativa, es decir al estudio y conocimiento de quien es la Verdad, para hacerse uno con Él.¡La generación 2019-2022 les agradece sus oraciones y su ayuda siempre generosa!

@arquimedios_gdl

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