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Desde el Corazón

QUERIDA LUPITA:
Mi hermano murió en un accidente automovilístico. Él conducía bajo la influencia de alcohol. Yo había discutido mucho con él por su forma de beber. Nuestra convivencia eran pleitos. Me siento culpable de este desenlace. No supe ayudarle, se llevó el recuerdo de un hermano que siempre lo regañó, lo despreció con sus palabras y amenazas. No lo puedo superar.
Javier D.

HERMANO MÍO, JAVIER:
Toda pérdida genera dolor, y a veces las circunstancias son tan graves que resulta devastador emocional y espiritualmente. Necesitas ser acompañado para vivir un proceso de duelo que termine idealmente en la aceptación serena de la realidad, con un llamado a servir. Este acompañamiento profesional, te dará herramientas para explicarte la realidad de forma propositiva. Entenderás que no despreciabas a tu hermano sino que le amabas tanto, que te dolía verlo tomar malas decisiones. En tu impotencia regañabas o amenazabas porque, tal vez inconscientemente, considerabas que eso le haría recapacitar.
Estas reacciones son comunes y comprensibles en familiares de alcohólicos, pero es preciso prepararse mejor para evitarlas porque, efectivamente no ayudan, y al final generan culpas que neurotizan.

La culpa es un sentimiento que genera la conciencia. Por ella somos capaces de reconocer si nos hemos equivocado y nos capacita también para pedir perdón. Es buena cuando se maneja con sabiduría. Es enferma cuando le permitimos destruirnos. Esta clase de culpa debe ser erradicada con plena conciencia.

Recordemos que la culpa mal manejada, nos instala en el pasado, nos acusa y nos inmoviliza para la vida. Cuando la culpa es sana, nos permite vivir en el presente proyectando un futuro mejor.
Una forma excelente de manejarla es dando un sentido trascendente a la experiencia dolorosa. “Si alguien lastimó tu corazón, sánalo con una misión”.

En tu caso podría ser:

  1. Involucrarte en los grupos Alanón y promover que los familiares de adictos participen en ellos.
  2. Impartir tu testimonio invitando a la sociedad a conocer los estragos que causa el consumo inadecuado de alcohol y otras substancias, puedes ser un agente de cambio en tu comunidad, al sembrar semillas de concientización sobre el tema.
  3. Colaborar con iniciativas de grupos gubernamentales o de Iglesia que hablan de prevención.
  4. Ora por tu hermano para que goce de la presencia de Dios. Pídele que te inspire y te ayude. Dile que harás todo el bien posible en su nombre.
    ¡Tu herida sanará!

Lupita Venegas/ Psicóloga
Facebook: lupitavenegasoficial

@arquimedios_gdl

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"En la Iglesia tenemos urgente necesidad de una comunicación que inflame los corazones, sea bálsamo en las heridas e ilumine el camino de nuestros hermanos y hermanas"

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