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Las mujeres llenas del espíritu del Evangelio pueden ayudar a que la humanidad no decaiga”, así lo reconoció el Concilio Vaticano II y podría ser nuestra misión bajo el modelo de María, la mujer elegida y formada por Dios

Gabriela Hernández de Alujas

¡Ser mujer es un privilegio! Nuestra vida es valiosísima, todas somos hermosas y debemos asegurarnos de que así lo veamos y sintamos también.

Somos generadoras de vida humana y vida espiritual, somos capaces de traer en nuestro vientre durante 9 meses a nuestros hijos y darlos a luz entre gozo, llanto y dolor. Somos fuertes, somos frágiles, aguerridas. Podemos abrazar, besar, luchar por nuestros ideales, defender a los nuestros y si fuera necesario dar la vida por ellos.

Trabajamos arduamente, educamos, creamos, perdonamos, ayudamos a quienes lo necesitan, queremos ser amadas y respetadas.

Exigimos por los derechos de los demás, nos compadecemos del que sufre  porque tenemos un corazón que fue diseñado para amar en plenitud, no a medias ni poco sino amamos con la intensidad de todo nuestro ser.

Somos hijas, novias, esposas, madres, abuelas, tías, consagradas, primas, laicas comprometidas, líderes de opinión, profesionistas. ¡Cuanto nos ama Dios y se complace con nuestra vidas!

Generadoras de alegría y fe

“Quien halló una mujer, halló cosa buena y alcanzó favor de Yavhé” (Proverbios18,22  ). Una mujer buena es más valiosa que un tesoro dice la Sagrada Escritura. Y esto es muy cierto, las mujeres podemos dar  alegría y esperanza a quienes nos rodean, afianzamos nuestros hogares y los volvemos cálidos y seguros. Si el dolor o los problemas llegan a nuestras vidas, podemos enfrentarlos con valentía y con la certeza de que la FE mueve montañas y nos impulsa a continuar adelante con esperanza.

Conocemos el poder tan grande de la oración y por medio de ella presentamos a nuestras familias, necesidades, penas. Orar nos vincula con el corazón de Dios y con la Reina del Cielo también.

“Llega la hora, ha llegado la hora en que la vocación de la mujer se cumple en plenitud, la hora en que la mujer adquiere en el mundo una influencia, un peso, un poder jamás alcanzados ahora. Por eso, en este momento en que la humanidad conoce una mutación tan profunda, las mujeres llenas del espíritu del Evangelio pueden ayudar tanto a que la humanidad no decaiga”, refiere el Concilio Vaticano II  

Plenas de espiritualidad y de acción

Dentro de nuestra Iglesia existen mujeres ilustres,  que han luchado por ideales altos y nobles, mujeres muy interesantes que han glorificado  a Jesús con sus obras.

Cuatro Doctoras de la iglesia: Santa Hildegarda de Bingen, Santa Teresa de Jesús, Santa Catalina de Siena, Santa Teresa de Lisieux, las cuatro fueron místicas con una gran capacidad de acción, quizás el tipo de personas que necesita la sociedad, muy metidas en Dios y muy dentro del mundo, también.

Proverbios 31 nos habla de la “mujer perfecta” que está dotada de grandes cualidades, es todo un manual de conducta que enseña de manera maravillosa la contribución única que pueden hacer las mujeres a la vida como esposas, madres y amas de casa.

Es una mujer admirable de gran rectitud moral y espiritual que sobresale de todas las demás y que sabe actuar correctamente en todos los momentos del día.

María, la mujer

Proverbios 31 es también es un elogio profundo a la mujer más hermosa de todos los tiempos… la Virgen María. Ella es KEKARITOMENE, Madre de la iglesia y Madre de cada uno de nosotras en el orden espiritual.

Todas la virtudes las posee en grado excelso, toda bella es, Esposa indisoluble del Espíritu Santo. Mirarla, amarla a través del rosario diario y conocerla nos llevará sin duda alguna a un crecimiento personal muy grande, nos acercará a una vida virtuosa y nos mostrará la perfecta Voluntad de Dios para nosotras.

Bernardo de Claraval dirá: “No temas amar tanto a la Virgen María, total, nunca lograrás amarla tanto como la ha amado su hijo Jesús”.  Imitémosla, en su Escuela y aprenderemos a ser mejores personas cada día.

@arquimedios_gdl

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