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Abel Campirano Marín

El chatbot denominado Chat GPT, durante un servicio en la ciudad alemana de Fuerth, en el Templo de St. Paul, a través de un avatar de un individuo de piel negra y con barba, se convirtió en la primera “Misa” celebrada con inteligencia artificial.
Cuarenta minutos duró el servicio, incluyendo el sermón, las oraciones, las alabanzas y la música, y despertó un insospechado interés entre la población protestante de esa ciudad bávara vecina de Nüremberg, esa hermosa ciudad de Alemania famosa por su arquitectura medieval, lugar de residencia de Alberto Durero, el célebre pintor renacentista y que también fue sede de los célebres juicios contra los líderes nazis con motivo del holocausto, justo al concluir la Segunda Guerra Mundial.

El suceso de Fuerth nos abre una serie de interrogantes estremecedoras respecto al futuro de la humanidad en relación con la inteligencia artificial (IA). La principal es: ¿hacia dónde vamos? Paso a paso nos estamos haciendo cada vez más dependientes de las máquinas, ya ni siquiera percibimos aquella vieja oposición entre empirismo y el racionalismo; un mundo distópico en el que la fe cada vez está más ausente y todo se reduce al imperio de la superficialidad, una transformación que desafortunadamente está penetrando en nuestras conciencias.

Seamos honestos. Estamos perdiendo la batalla. Hemos estado abandonando paso a paso la espiritualidad, para irnos a vivir en el inframundo del materialismo, de la superficialidad, del egocentrismo, del relativismo.

Si no se establecen frenos y contrapesos a la IA, terminará dominando a sus propios creadores; el futuro de la humanidad es obscuro e incierto. Hay un libro estremecedor que es lectura obligada sobre el tema. “The age of Em. Work, love and life, when robots rule the earth”, de Robin Hanson, publicado por La Oxford University Press, 2016. donde se plantea esa sobrecogedora hipótesis en el que los seres humanos seamos precisamente gobernados por máquinas.
Lo triste, lo más triste del caso es que la religiosidad, la devoción, la piedad, la espiritualidad, parecieren cosas del pasado, de la historia, son conceptos demodé y la noción de Dios va pasando cada vez más a un segundo plano para dar prioridad a esta revolución tecnológica que acabará por destruirnos.
Antes de que sobrevenga esa implosión, necesitamos urgentemente volver a nuestros orígenes religiosos.
Si en nuestras vidas no se encuentra presente Dios, no somos nada, somos miseria humana. Luchemos denodadamente porque no se pierda la fe, porque de verdad, sin fe, estamos perdidos.

Pax Tecum.

@arquimedios_gdl

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