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En sus últimos días, don Ildefonso captado junto a la escultura del Ing. Jorge Matute Remus, que él ideó. (Foto cortesía de Álvaro López Tostado)

JOSÉ DE JESÚS PARADA TOVAR

Don Ildefonso Loza Márquez y García de Quevedo, un hombre de acendrado y genuino nacionalismo, e ilustre decano del periodismo jalisciense, el reciente sábado 16 de septiembre cumplió su primera y definitiva entrevista, personal y directa, al Señor de la Vida. El 16 de octubre venidero habría de cumplir 93 años de su natalicio en la ciudad capital de San Luis Potosí, aunque la mayor parte de su existencia la vivió en la de Jalisco.
Hijo de un combatiente cristero que ofrendó su vida y su sangre en defensa de la libertad religiosa y que lo dejó huérfano apenas a sus tres años de edad, heredó una vena henchida de cristianismo sin doblez y reflejada en su recta conducta cotidiana y en toda su vasta y prolífica tarea como profesional de la comunicación social. A su muerte, bien lo definió el comunicólogo Román Ramírez Carrillo: “Un hombre de fe, que amaba a la Iglesia”.

BRILLANTE TRAYECTORIA
Al afanoso itinerario de don Ildefonso faltaría mucho que abonarle con detalle, como él solía informar, pero he aquí algunos rasgos sobresalientes: en 1957, en la radioemisora tapatía XEAV, fundó y dirigió “Gaceta del aire”, el primer ejercicio radiofónico noticioso no sólo de la región, sino del país, y que incluía agudos y valientes comentarios, causantes no pocas veces de reclamos amenazantes de autoridades civiles. Al paso del tiempo, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, UNESCO, lo reconoció como pionero del periodismo radiofónico.

También trabajó aquí para el canal 6 de televisión y para el 4. Para radio en Los Ángeles, California, y en la Ciudad de México para la XEX y la XEW, al igual que para Televicentro. Famoso y muy escuchado, debido al ingenio y novedad de su producción, el programa de fin de semana en varias estaciones, denominado “Caravana Deportiva”.

No menos interesantes los documentados y punzantes comentarios de corte social, político o cultural en diversas emisoras del cuadrante, como en las de Radio Grupo DK o del Canal 58. En esta última, compartió con el periódico El Informador distintos géneros noticiosos y de opinión.

En Roma y El Vaticano, cumpliendo una tarea singular y privilegiada, cubrió informativamente el Consistorio de 1958, en que fue ordenado el primer Cardenal mexicano, don José Garibi Rivera, sexto Arzobispo de Guadalajara, aparte de los Cónclaves en que resultaron Papas, sucesivamente: Juan XXIII, Paulo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco, todo lo cual ilustró con exclusivas fotografías, pues don Ildefonso, desde muy joven, se especializó en el arte fotográfico y publicó algunos libros con esos contenidos. Fue el fotógrafo oficial de la primera visita del Papa Juan Pablo II a México. De igual forma, escribió el libro “Palabras que no se llevó el viento”.

Observador y puntual crítico de la estatuaria de la ciudad, sugirió y encabezó –incluso de su propio peculio– la realización de esculturas “cuasi vivientes” o “activas”, en contraposición a las de fría expresión. Así, lucen ahora, a la entrada del Templo Expiatorio, la del Arzobispo Garibi, hincado, recibiendo el capelo cardenalicio de Su Santidad Juan XXIII; por la Avenida Juárez, la del Ingeniero Jorge Matute Remus, “empujando” el edificio de la telefónica, que logró moverlo 12 metros sin derribarle un solo ladrillo; en el Jardín Reforma o de San José de Gracia, la escultura sedente de don Jorge Álvarez del Castillo Zuloaga, leyendo El Informador, que dirigió varias décadas. Y, con cierta desilusión, Loza Márquez me platicaba que quedó pendiente su idea de una estatua en la amplia banqueta de la céntrica esquina suroeste de las calles Pedro Moreno y Pavo, dedicada a Monseñor Santiago Méndez Bravo, fundador de la actual Universidad del Valle de Atemajac, que en esa finca rentada inició, como Instituto “Pío XII”, la primera Escuela de Periodismo en el Occidente de la nación.

RECONOCIMIENTOS
Sin duda, Loza Márquez fue siempre reputado como un periodista completo, de amplia cultura, ética intachable, lenguaje pulcro, dominio de los géneros informativos, a quien cupo en suerte, al igual que a algunos otros a partir de la segunda mitad del siglo inmediato anterior, incursionar con probidad y éxito, en corto lapso, tanto en prensa como en radio y televisión, y luego en formato digital. Por parte de la Arquidiócesis tapatía, ameritó el galardón “José Ruiz Medrano” del Premio Católico al Comunicador, en 2002. Años antes, le había promovido ante la Santa Sede el Grado de Caballero de la Orden Pontificia Ecuestre de San Gregorio Magno, concesión vaticana por servicios a la Iglesia. Igualmente, en el referido año, recibió el galardón “Emisario”, Premio Estatal de Periodismo en la modalidad de Trayectoria.
Siempre cuidadoso de lo que iba a exponer al público, don Ildefonso (según confió la reportera Adriana Luna, cercana colaboradora de nuestro personaje) acostumbraba escribir, en la esquinita superior de la primera cuartilla, las letras ESI. ¿Significado, mantenido en virtual secreto?: “Espíritu Santo, Ilumíname”…

Entrevistando, para Semanario, a Don Ildefonso Loza Márquez.

@arquimedios_gdl

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