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Continuum

LAURA CASTRO GOLARTE1

De un tiempo a esta parte –y quizá el lector coincida conmigo–hay una tendencia en medios de comunicación, particularmente en la llamada comentocracia o derecha mediática, de minimizar la acción de Miguel Hidalgo y Costilla en el inicio del movimiento de Independencia, hecho histórico del que el viernes se cumplieron 212 años.
Se ha exaltado la terrible matanza de españoles peninsulares (gachupines) en Guanajuato y las marcadas diferencias, que al final terminaron por distanciarlos, entre Hidalgo e Ignacio Allende. Son asuntos cuestionables, sin duda alguna, aunque para juzgarlos con la mayor precisión posible se requiere conocer no solo los datos duros, por así decirlo, sino los contextos de los personajes, las reacciones posteriores,
las consecuencias y los efectos de tales momentos. Es claro y cierto que se cometieron errores, no fue una revolución perfecta, pero en esta tendencia a la que me refiero, se destacan los errores por encima de
cualquier acierto.
Después de la crisis de 1808, en el Ayuntamiento de la Ciudad de México, cuando tanto Fray Melchor de
Talamantes como Juan Francisco Azcárate y Lizama y Francisco Primo de Verdad propusieron, desde el cabildo, lo que para la Real Audiencia eran “ideas peligrosas”, el resentimiento acumulado por siglos brotó de una manera explosiva, fundamentalmente porque los peninsulares concluyeron que los españoles americanos no tenían derecho de proponer un gobierno cuya soberanía debía recaer en
el pueblo mientras el rey era liberado.

Ese rechazo de los funcionarios de la audiencia, Carlos María de Bustamante, contemporáneo
de esos hechos, lo describió de la siguiente manera: “Desde aquel momento, y por tan escandalosa agresión, quedaron rotos para siempre los lazos de amor que habían unido a los españoles con los americanos”. Así fue. En 1809 se registró una conspiración importante, aunque fracasó, y luego, la
de Querétaro con la participación fundamental de Epigmenio González, por su sentido social, su conciencia crítica y la idea clara de independencia de España en tanto separación, que él ya planteaba.

En esta etapa previa, la participación de Miguel Hidalgo no tuvo la fuerza que llegó a tener a partir de que la conspiración fue descubierta; pero a partir de esa circunstancia, todo cambió, no había de otra más que levantarse en armas. Contrario a lo que se ha difundido y hasta tergiversado, Miguel Hidalgo, un
ilustrado, ex rector de la Universidad de San Nicolás en Valladolid, hoy Morelia, imprimió al movimiento un componente social de vanguardia para la época en una colonia del imperio español: abolición de la esclavitud de inmediato y mejores condiciones para criollos, campesinos, castas e indígenas en el entendido de que urgía hacer justicia. Restituir lo que se les había regateado y promover desde el
primer momento del movimiento y después, la igualdad entre los habitantes de la América septentrional.

El aniversario de la Independencia es más una ocasión para conmemorar aquel contenido profundo que Hidalgo transmitió a Morelos, y Morelos supo continuar y fortalecer con los Sentimientos de la Nación,
que un “grito” que, sabemos, se modifica cada año. Todos los héroes de esa historia merecen reconocimiento y un recuerdo emotivo cada aniversario, pero la base social del movimiento, destacada por historiadores como John Lynch, que ubica a la Independencia de México aparte de las demás en la
América hispana, por lo mismo, amerita un repaso, un estudio profundo y generalizado para valorar con justicia de dónde venimos, dónde han estado los reclamos y las luchas sociales y cuánto falta aún por hacer.

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