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A 20 años del Premio “José Ruiz Medrano”

José de Jesús Parada Tovar

Lo que estamos viviendo desde marzo en este convulsionado 2020, ¿se traduce como “signo de los tiempos”? Tal vez se trate, más bien, de “tiempo de signos”, pues los hemos experimentado de toda índole: lo mismo maledicentes que bendecidos, maléficos y benéficos, de desastre y de renovación, de pánico y esperanza. Al fin, todos se reducen al origen del comportamiento humano, que juega al bimbalete, a la rueda de la fortuna y, en el fatídico extremo, a la ruleta rusa.

¿Adaptarnos a una “nueva normalidad”? Todo indica que, inopinadamente, ya hemos entrado en una “normal secuencia de novedades” incesantes que no dejan pausa a la reflexión, al comentario sensato, a la evaluación y la adopción de decisiones convenientes. El Conavid-19 activó resortes informativos y desordenó hebras que desmadejaron la masa noticiosa local, nacional, mundial, pero todo con una clara y perniciosa intención: crear caos y confusión. La llamada “Infodemia” transformó a la Pandemia en Pandemonium.

El semáforo que da curso al acontecer cotidiano se estacionó en los tres colores al mismo tiempo, propiciando adrede contradicciones e interpretaciones de libre albedrío, no sólo entre autoridades (civiles, empresariales, eclesiásticas, policíacas, educativas, etcétera), sino, en cascada, también en las familias, en los parvi-negocios y entre el común de la gente. El alud de novedades, recomendaciones, advertencias, chismes, elucubraciones y sornas, simultáneamente da paso al flujo humano despreocupado, al llamado preventivo y al paro de casi toda actividad, propiciando, alternadamente, miedo, burla, incertidumbre, parálisis, movilidad ordinaria, morbo, desempleo, coraje, impotencia, claustrofobia, estrés, violencia, hambre, escasez, encarecimiento, derroche, robos.

Paradójicamente, si como nunca antes se había generado tanta información, monotemática hasta el hastío y por todos los Medios (y paralelamente una avidez por “estar enterado” cada minuto a través de los dispositivos digitales), a nadie se le ha ocurrido todavía explorar los veneros que conduzcan a identificar la real fuente de todo esto, así venga de alturas insospechadas… o sospechosas. Y es eso, precisamente, lo que alimenta la incredulidad o la rumorología de la población mayoritaria. Nuestra Historia, la no oficial, nos ha evidenciado, en prácticamente todo su transcurso, el descrédito generalizado hacia la información proveniente de instancias gubernamentales, cupulares, sindicales, partidistas, ante la repetida experiencia del engaño, el abuso, la mentira, el interés ventajoso, clientelar y de sumisión. ¡Y ahora se quejan de que “la gente no entiende, no obedece, le vale!” …

Modelo de Comunicación

A propósito de la esencia, los objetivos e incluso los estilos de la comunicación humana, viene bien recordar ahora, en medio de esta marabunta que nos atosiga, embrolla y divide, a alguien que, con su personalidad, su conducta, su manejo pulcro de la palabra sobre todo por la vía de la predicación y la enseñanza, dejó un claro testimonio de comportamiento recto, magistral y de gran beneficio para generaciones.

Deveras cómo se añora, en estos momentos críticos, la sabiduría de personajes como Monseñor José Ruiz Medrano (1904-1967), Filósofo profundo en sus conceptos, reflexiones, conferencias y discursos; amante Maestro de la Estética, la Música, la Oratoria y la Literatura; brillante Teólogo que en sus sermones le daba nitidez a los Misterios de la Fe con la singular galanura de una prosa poética. Y vaya que fue testigo contemporáneo y cercano de los dolorosos estragos de la Revolución Mexicana en sus seriadas etapas, así como de las aciagas consecuencias de las Guerras en Europa. Es decir, los avatares en su trayecto seminarístico y sacerdotal acrisolaron en él su genio para asimilar, traducir y difundir, con verdad y belleza, todo lo aprendido.

…Pues bien, por estas fechas recordamos los 20 años de haberse iniciado la promoción anual del Premio Católico al Comunicador mediante el Galardón “José Ruiz Medrano” que, hasta ahora, se ha otorgado a 46 Profesionales de la Comunicación en sus distintas vertientes, así como a ocho Instituciones relacionadas con la Comunicación Social. Gestores y animadores de tal Reconocimiento, además de varios laicos de esta específica Sección de la Pastoral Diocesana, han sido, entre otros, los Padres: Pedro Rodríguez González, Adalberto González González, Antonio Gutiérrez Montaño, Alberto Ávila Rodríguez, Guillermo Chávez Aguayo y Javier Padilla Cervantes, con el beneplácito de los Cardenales Arzobispos Juan Sandoval Íñiguez y José Francisco Robles Ortega.           

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