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José de Jesús Parada Tovar

La sociedad civil, junto con las autoridades eclesiásticas y municipales de Ixtlán del Río, Nayarit, guardan con gratitutd y orgullo la memoria de uno de sus predilectos benefactores durante el Siglo XX: Monseñor Justo Barajas Miranda, quien prestó ahí innumerables servicios durante 58 años, 13 como Maestro de Primaria y luego 45 como Cura de la Parroquia de Santo Santiago Apóstol, perteneciente a la Diócesis de Tepic.
Hacia finales de 2023, el Club Rotario de esa vecina ciudad nayarita promovió y auspició una exposición fotográfica sobre la vida y la obra del connotado Clérigo. Buena parte de las fotos corresponde a imágenes que captó y a los archivos que dejó el prestigiado fotógrafo Víctor Chávez Pulido, así como a los acervos del Sr. Antonio Tovar Martínez, también fotógrafo y ex alcalde. Primeramente se exhibió en el curato parroquial y, por varias semanas, en la Casa de la Cultura, dependiente del Ayuntamiento.
El Prof. Miguel Fernando Espinoza Ballesteros, subdirector de esta Casa de Cultura, y auxiliar de la Crónica Municipal, refirió que en honor del Sr. Cura Barajas, y por moción propia, con el apoyo popular y oficial se construyó un hospital que autoridades civiles inauguraron, adjudicándole su nombre y llegando a ser el nosocomio más importante en el sur de Nayarit.

LEGADO ENORME
Nacido el jueves 6 de agosto de 1857, en el Barrio de San Juan de Dios, en Guadalajara, el insigne bienhechor de Ixtlán del Río fue inicialmente profesor por 13 años, y a la muerte de su esposa, ingresó al Seminario.
El primer Obispo de Tepic, Ignacio Díaz y Macedo, lo ordenó Presbítero el martes 30 de noviembre de 1897 y de inmediato lo destinó como Vicario a Ixtlán, donde ya era muy respetado y querido por su anterior sabor docente. En 1908 el Obispo Andrés Segura y Domínguez lo nombró Párroco.
Al cumplir su Áureo Aniversario Sacerdotal, en 1947, el Papa Pío XII le otorgó la
Dignidad de Monseñor.
Desde el principio, mencionó Espinoza Ballesteros, su labor pastoral, humana y social fue a tal grado importante gracias a su amplia visión y liderazgo, que cualquier iniciativa de beneficio común, fuese gubernamental o popular, siempre le era consultada, y con mayor razón las obras y servicios que él mismo proponía y planeaba como, por ejemplo, el mencionado hospital, aparte de la reedificación del Templo Parroquial de Santiago Apóstol a raíz del fuerte sismo que le derruyó sus torres el viernes 3 de junio de 1932, o el comienzo o remodelación de las Capellanías foráneas de Mexpan, El Terrero, San Clemente y Los Ranchos de Arriba (San José y San Antonio). Además de sostener e impulsar la educación religiosa y escolar, creó coros y grupos musicales, becando a numerosos jóvenes en estudios especializados.
Alusión especial ameritan dos grandes obras en la cabecera municipal: el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, empezado en tiempos aciagos de la Revolución y la persecución religiosa (que orilló al Cura Barajas Miranda a desterrarse temporalmente en la Unión Americana), y concluido en diciembre de 1947. Dos meses antes, el Obispo Anastasio Hurtado y Robles bendijo el Monumento a Jesucristo Rey en la cima del Cerro de Santa Catarina, que luego tomó el nombre de “Cristo Rey”, ubicado sobre el ingreso oriente de la ciudad. El 30 de octubre de 1977 se inauguró la escalinata de dicha colina desde sus faldas hasta el área de su monumento, capilla y mirador, convirtiéndole en socorrido lugar turístico y de ejercicio.

SE LE RECONOCE, PERO…
Para el entrevistado, “desde luego que hay memoria histórica de ese personaje en las recientes generaciones, como lo demuestra la nomenclatura cívica en su honor. Se le impuso su nombre a la antigua calle Independencia, de norte a sur, en un tramo de 10 cuadras. También el antiguo Jardín “Morelos” cedió su nombre por el del ameritado Párroco, y su efigie, en busto, preside el lugar”.
Al saberse que su cadáver salió incorrupto del Panteón Municipal –feneció el viernes 16 de octubre de 1953, y fue exhumado, entero, 25 años después, según dio fe pública y oficial el Dr. Roberto Coronado Rivera–, muchos ixtlenses lo consideraron espontáneamente como digno de veneración y han dejado constancia de haber logrado favores de Dios por su mediación. Empero, hay una común creencia de que persiste desidia o indiferencia como para promover su Causa de Canonización.
A guisa de ejemplo, se comenta que siendo Ixtlán del Río la cuna de la Beata Sor María Inés Teresa Arias, nacida ahí en 1904, Fundadora de la Familia Religiosa Inesiana, fallecida en Roma en 1981 y beatificada el 21 de abril de 2012, no existe en su tierra una capilla dedicada a ella, aunque sí una escultura en el atrio parroquial.

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