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En los altos campanarios hay revuelo de palomas; en las avenidas largas, hondo perfume de rosas

Pbro. Tomás de Híjar Ornelas

La falta de entendimiento y tirantez absoluta entre un estado abiertamente anticatólico y un colegio episcopal pequeño y fragmentado hizo trizas la paz social en México entre 1920 y 1934.

Instigaron a ello con todas sus fuerzas los caudillos sonorenses Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles y aun, instigados por este último, dos presidentes peleles, Emilio Portes Gil y Abelardo L. Rodríguez. Durante tres lustros todos ellos recurrieron a la fuerza pública para descatolizar a los mexicanos, creyéndolo cosa de frailes y curas, y no de la visión sagrada amerindia, su factor básico.

Don José Garibi, promovió muchos miembros de su clero al episcopado, como fue el caso de don Alfonso Toriz, para la diócesis de Querétaro.

El clero se tragó el anzuelo (más precisamente, cinco de los 38 obispos de México, los del Comité Episcopal en Roma) y optó por abandonar los templos y administrar los sacramentos en la clandestinidad en abierto desafío a la Ley Calles, lo cual pasó a ser, al cabo de pocas semanas, en el principio del fin, la guerra cristera, que en sus dos y medio años sólo dejó víctimas y desastres. El armisticio o ‘arreglos’ que pusieron fin a la guerra a mediados de 1929, no erradicó la represión religiosa, sólo le dio otra vuelta de tuerca. En ese marco destacan dos gestores inmensos de la paz social, el Arzobispo de México Luis María Martínez.

De este último, ofrecemos a continuación un listado de las acciones que emprendió como VI Arzobispo de Guadalajara a partir de 1936.

  • 1938. Convocó el primer Sínodo Diocesano de Guadalajara del que obtuvo criterios pastorales ajustados a la nueva realidad jurídica. También, dispuso hacer en la diócesis una colecta especial a favor de la cancelación de contratos de explotación de hidrocarburos a compañías extranjeras.
  • 1939. Para normalizar la vida del Seminario Conciliar, compró el antiguo hospital de San Martín de Tours.
  • 1942. Apoyó al gobierno de Marcelino García Barragán durante una exposición de arte sacro en el templo de Santa María de Gracia. Mediando los buenos oficios de doña Soledad Orozco, esposa del Presidente Manuel Ávila Camacho, restableció la llevada de la imagen de la Virgen de Zapopan a su basílica.
  • 19471950. Gracias a sus buenos oficios se pudo conformar el Banco Refaccionario de Jalisco, el Patronato de Habitación Popular, la Cruz de Plazas y hasta la Unión Empresarial Guadalupana y conmemoró el IV centenario de la erección del obispado de Compostela  – Guadalajara en 1947/48 remozando la catedral y en tal coyuntura recuperar casi todos los templos clausurados por el gobierno: los Dolores, el Sagrado Corazón de Jesús, Santa María de Gracia y San Diego de Alcalá, aunque también consintiendo la demolición del santuario de la Soledad para abrir el brazo norte de la cruz de plazas proyectada por Ignacio Días Morales. En este último año el Papa Pío XII lo nombró asistente al solio pontificio.
Don José Garibi recibe, el 18 de diciembre de 1958, el capelo cardenalicio en el Palacio Apostólico.
  • 1951-1955. Inauguró las instalaciones del Seminario Mayor en Jardines del Bosque. En 1954 presidió el II Concilio Provincial Guadalajarense. También ese año, encabezó el Comité Episcopal de México y revestido de este carácter convocó en el país un Congreso Nacional Mariano. En 1955 engastó sus bodas de plata episcopales con una semana sacerdotal de abundantes frutos.
  • 1957. Reprobó públicamente al atentado inferido a las instalaciones del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente por grupos de choque de la Universidad Autónoma de Guadalajara. Ese mismo año, a ruegos suyos, el Papa declaró Patrona Principal de la Arquidiócesis de Guadalajara a Nuestra Señora de San Juan de los Lagos.
  • 1958. Participaba en Roma de la reunión del Consejo Episcopal Latinoamericano cuando se enteró que el Papa Juan XXIII lo había designado primer cardenal mexicano. El 18 de diciembre fue investido como tal. A su arribo a México, el 27 de diciembre, unas diez mil personas se agolparon a recibirlo. Al día siguiente regresó a Guadalajara en un derrotero único y los actos que acompañaron su recepción terminaron siendo proverbiales.
  • 1960. Recibió la investidura de Caballero Gran Cruz de la Orden del Santo Sepulcro. En agosto celebró el IV Centenario de la traslación de la sede episcopal de Compostela a Guadalajara. En noviembre inauguró el Instituto Pío XII, antecedente de la Universidad del Valle de Atemajac.
  • 1962. Celebró sus bodas de oro sacerdotales. La antevíspera consagró el templo Expiatorio, monumento ígneo a su tenacidad y celo.    En mayo partió a Roma para asistir a la apertura y sesiones del Concilio Ecuménico Vaticano II. A fines de ese año se echó a cuestas la construcción de la obra que coronó su gestión: el Colegio Mexicano en Roma.
  • 1963. Participó en el cónclave en el que resultó electo Pablo VI. Ese año, en agosto, bendijo las nuevas instalaciones de la Escuela de Música Sacra y del Seminario Menor.
  • 1964 convocó un Congreso Eucarístico Diocesano para conmemorar el primer centenario de la elevación de Guadalajara a sede metropolitana, en ese marco visitó la capital el decano del colegio cardenalicio Eugenio Tisserant.
  • 1965, asistió a la clausura del Concilio Vaticano II.
  • 1967-1969. Presentó al Papa su renuncia al gobierno eclesiástico, que se le aceptó el 25 de febrero de 1969, nombrándole sucesor al obispo de Zamora, don José Salazar López, quien fuera rector del Seminario Conciliar de Guadalajara durante dos décadas, al que entregó una Iglesia diocesana estructuralmente restaurada.
Don José Garibi y su arzobispo coadjutor, don Francisco Xavier Nuño.

El Cardenal Garibi se retiró a su domicilio de toda la vida, Prisciliano Sánchez 530 y su vida se apagó muy cerca de él, en el hospital de la Santísima Trinidad, la noche del 27 de mayo de 1972.

Luego de recibir el homenaje multitudinario de todos los jaliscienses entre el 28  y el 29, sus exequias fueron el día 30, sepultándosele en la bóveda sepulcral catedralicia. Para su sepulcro él mismo redactó este epitafio: “Los restos de un pobre pecador aquí descansan. Rogad a Dios por su alma”.

Su arribo a la ciudad de México ya investido como Cardenal, a principios de 1959

Paren todos los relojes (Fr’Asinello)

En los altos campanarios

hay revuelo de palomas;

en las avenidas largas,

hondo perfume de rosas.

Tiene más luz que mil días

esta noche milagrosa,

porque más de mil luceros

han abierto sus corolas.

Ay, ¡y cómo pesa el tiempo,

qué tardas son esas esas horas

cuando el corazón espera y

él esperado no asoma!

¡Ya llega el Pastor, ya llega…!

Una corriente sonora

sacude los corazones

que un mismo ardor enamora.

Ya llega –fuego y armiño–

como torrente de rosas.

En su pecho se abrazaron

Guadalajara con Roma.

Paren todos los relojes.

Que nunca pase esta hora.

La patria entera se envuelve

en la púrpura de gloria.

La capilla ardiente de don José Garibi, en la Catedral de Guadalajara, del 28 al 30 de mayo de 1972, congregó a miles de personas.

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