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ALEXI S GIOVANNI CAS T E L LANOS GUDIÑO

3° DE FI LOSOF ÍA

Los seminaristas mayores y menores, como parte de la formación sacerdotal, tenemos la oportunidad de invitar a nuestras familias, amigos, bienhechores y conocidos al Seminario al menos en dos momentos específicos durante el ciclo de formación. El primero, en el transcurso de diciembre, en el que compartimos el alimento, la santa Misa, la petición de posada y la presentación de las pastorelas; el segundo momento viene, regularmente, entre mayo o junio, que son los meses previos a finalizar el curso formativo, razón por la que conviene tener un momento de encuentro, en especial sabiendo que, por lo general, al menos alguno de los compañeros suele retirarse del Seminario, según el proceso de discernimiento que haya llevado en oración, con su director espiritual y con su conciencia.

Por otra parte, también es motivo para agradecer por un año más de formación con la santa Misa y la convivencia; por eso, solemos preparar pequeños festivales con música, espectáculos con magos o algunas pequeñas actuaciones escénicas –que nosotros llamamos «scketches»–, que pretenden amenizar el encuentro con carcajadas.

Ahora bien, dentro de este marco, también es necesario resaltar que el Padre prefecto y el Padre espiritual de nuestro grupo suelen tener al menos media hora de encuentro con nuestros papás en alguna de las aulas del Seminario para explicarles un poco el proceso que hemos llevado, específicamente durante el ciclo formativo en curso. Además, suelen instruirlos un poco para que ellos sepan cómo tratarnos o cómo guiar a un hijo seminarista desde su condición de papás; del mismo modo, a veces les comunican una serie de avisos sobre lo que resta por hacer durante el año, o sobre lo que vendrá después de ese ciclo formativo.

Como vemos, la importancia de estas convivencias reside en que involucramos a la familia y a las otras personas que apreciamos en nuestro proceso formativo, ya que la vocación sacerdotal es un don para nosotros seminaristas, pero también para quienes nos rodean, para el pueblo de Dios. Por su parte, en estas convivencias, nuestros papás tienen la oportunidad de conocer a nuestros compañeros y a los papás de ellos, por lo que surgen oportunidades para el desarrollo de amistades, y el anonimato de «mi grupo» deja de ser tal para convertirse en rostros concretos para ellos. Y así, juntos en familia, podemos continuar con la construcción del Reino de Dios.

@arquimedios_gdl

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