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Alfredo Arnold

El domingo 2 de julio del año 2000 por la tarde, en Guadalajara, cientos de automóviles salieron a las calles tocando ruidosamente sus bocinas y ondeando banderas azules. Mi primera impresión fue que celebraban el triunfo de Francia en la Eurocopa al imponerse 2-1 a Italia en tiempo extra, pero no; el festejo era por el triunfo de Vicente Fox en las elecciones presidenciales.

Desde la consumación de la Independencia, la sucesión presidencial en México fue caótica, hubo golpes de Estado, asesinatos, elecciones tramposas, simulaciones, imposiciones, dictaduras, etcétera. Fue hasta después del Maximato, en 1934, cuando la sucesión tomó un cauce institucional. Incluso, desde ese año hubo solamente dos presidentes militares (Lázaro Cárdenas y Ávila Camacho). A partir de 1946, desde Miguel Alemán hasta López Obrador los trece mandatarios han sido civiles.

El PRI jugó un papel determinante para lograr la estabilidad ya que gobernó a lo largo de seis décadas. En la elección del sucesor presidencial no siempre se salió con la suya el mandatario en turno, pues había poderosas fuerzas políticas que en petit comité debían aprobar a su candidato, entre ellas los sectores del PRI (Popular, Campesino y la poderosa CTM), el Ejército, la cúpula empresarial, la Iglesia y los Estados Unidos. Cuando todos (o casi todos) estaban de acuerdo con el presidente, se producía el “destape”.

Así ocurrió hasta el año 2000, cuando por primera vez desde su fundación en 1929 como Partido Nacional Revolucionario (PNR), luego como Partido de la Revolución Mexicana (PRM) y finalmente como Partido Revolucionario Institucional (PRI), el coloso tricolor perdió en las urnas la silla presidencial.

“El día que perdió el PRI” es el título de una novela de política-ficción escrita por el historiador Armando Ayala Anguiano y publicada en 1976. Nadie en su sano juicio creía que eso podía convertirse en realidad. Ayala Anguiano también publicó en la revista Contenido una exitosa serie de personajes históricos bajo el título de “México de carne y hueso”.

Fox, ex gobernador de Guanajuato, había reconocido antes de ser candidato presidencial, en una entrevista que le hizo el diario Ocho Columnas, de Guadalajara, que “es más fácil llegar a la Luna que a Los Pinos”. Para provecho de él mismo, se equivocó, pues ganó claramente con un margen de 6.42% sobre su rival más cercano.

Fox enarboló la bandera de una “Alianza por el Cambio” entre el PAN y el Partido Verde. Logró el 42.52% de la votación con una participación del 63.97% del padrón electoral. ¿Contra quién compitió? Sus rivales fueron: Francisco Labastida (PRI) 36.11% de los votos, Cuauhtémoc Cárdenas (Alianza por México: PRD, PT, Convergencia, PAS y PSN) 16.64%; Gilberto Rincón Gallardo (PDS), Manuel Camacho Solís (PCD) y Porfirio Muñoz Ledo (PARM) con números marginales. Como se podrá notar, muchos de esos partidos ya no existen.

No hubo problemas después de la elección. El presidente Zedillo, ese mismo domingo, anunció el triunfo del PAN y felicitó al ganador. También hubo “observadores” extranjeros, como el ex presidente de Estados Unidos Jimmy Carter, quien visitó personalmente a Zedillo y Labastida después de conocer el resultado electoral y los exhortó a aceptar dignamente el resultado.

Con voz entrecortada y el semblante severo, el presidente Zedillo dijo en la transmisión televisiva a nivel nacional: “México ha vivido una jornada electoral que por su orden y legalidad, por su transparencia y civilidad ha resultado ejemplar. Hace un momento me he comunicado telefónicamente con el licenciado Vicente Fox para expresarle mi sincera felicitación por su triunfo electoral, así como para manifestarle la absoluta disposición del Gobierno que presido, a fin de colaborar, desde ahora y hasta el próximo primero de diciembre, en todos los aspectos que sean importantes para el buen inicio de la próxima administración federal”.

Para Labastida, que ya había sido secretario de Energía, Minas e Industria Paraestatal y gobernador de Sinaloa, no hubo siquiera premio de consolación. Su amigo Mario Vázquez Raña lo invitó a que pasara una temporada de descanso y reflexión en su casa de España.

¿Por qué perdió el PRI en aquel 2000? Los analistas de aquellos años dan las siguientes explicaciones, aunque algunos de estos hechos ocurrieron durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari pero persistían como un reclamo contra el PRI en el ánimo de la gente:

-Por las crisis económicas recurrentes a partir de 1976.

-El rescate bancario (Fobaproa) y de concesionarios de autopistas.

-Los crímenes políticos contra Luis Donaldo Colosio, Francisco Ruíz Massieu y el cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo.

-La división interna que había en la cúpula priista.

-La consolidación del Instituto Federal Electoral y la nutrida presencia de observadores extranjeros durante las elecciones.

-La fuerte y novedosa personalidad de Fox. No era un político tradicional sino un gerente de la Coca-Cola. Se recuerda especialmente aquel debate entre los candidatos, en el que proponían seguir debatiendo en otra fecha y otra sede, y Fox los retó: “¡Hoy, hoy, hoy!”

Pero para otros, la alternancia en el poder se pactó desde varios años atrás, cuando el PAN y PRD aceptaron el triunfo discutido de Salinas de Gortari y más tarde cuando el PRI sustituyó candidato y se pospuso la fecha electoral hasta el 21 de agosto para dar tiempo a que Ernesto Zedillo hiciera algo de campaña en sustitución de Colosio.

Cualquiera que hubiera sido el motivo o si se acumularon todos ellos, la elección del 2000 fue histórica y marcó un nuevo rumbo en la política mexicana. En 2006 volvió a ganar el PAN, en 2012 regresó el PRI y en 2018 el triunfador fue Morena.

¿Continuará la alternancia? He ahí la cuestión, diría Hamlet.

*El autor es LAE, diplomado en Filosofía y periodista de vasta experiencia. Es académico de la Universidad Autónoma de Guadalajara.

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