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Sergio Padila Moreno

Hace unos días, un muy querido amigo, quien al igual que yo está a punto de cumplir seis décadas de vida, compartió conmigo sus más profundos recuerdos de la época navideña de su infancia. Me relató que, durante los primeros años de la década de los setenta, cuando él tenía entre seis y nueve años, vivió tres navidades que dejaron una huella imborrable en su memoria. Resulta que su abuelo organizó durante tres años una posada familiar para reunir a todos sus hijos y nietos. Sin embargo, antes de compartir los alimentos y bebidas típicos de la temporada, dedicaba momentos muy especiales a la reflexión junto a la chimenea de la casa, ubicada en la muy tapatía colonia Jardines del Bosque, en la ciudad de Guadalajara. El abuelo buscaba proporcionar a sus nietos, una docena de niños con edades entre cinco y doce años aproximadamente, una experiencia que fusionara el arte y la imaginación.
Estos encuentros alrededor de la chimenea fueron experiencias intensas y significativas para todos los presentes. Lamentablemente, solo pudieron llevarse a cabo en tres ocasiones, ya que el abuelo falleció de manera inesperada pero tranquila mientras dormía. Mi amigo está convencido de que esas tres vivencias junto a la chimenea de su abuelo sembraron en él la semilla que más tarde germinaría en un profundo amor por la música, la literatura y las artes plásticas.
En la primera experiencia, su abuelo les hizo un ejercicio de imaginación al ponerles un disco LP, en aquellas extintas consolas, con la música del ballet El Cascanueces de Piotr I. Tchaikovsky, donde les fue invitando a imaginar qué es lo que iba contando aquella música tan exquisita llena de melodías y riqueza de colores orquestales. Para mi amigo aquella noche le hizo entender, con la mente y el corazón, que la música es mucho más que simple sucesión agradable de sonidos, sino todo un lenguaje profundo y revelador.
Un año después, la segunda experiencia consistió en un ejercicio de imaginación que les propuso su abuelo al leerles el hermoso Cuento de navidad de Charles Dickens. El tono de voz y maestría con que aquel hombre les leyó el texto le permitió a mi amigo sentir hondamente el proceso por el que Ebenezer Scrooge pasó de ser un hombre de corazón de piedra a ser un hombre nuevo con corazón de carne, gracias al encuentro con sus fantasmas del pasado, presente y futuro. Aquella noche mi amigo entendió que celebrar al Niño que nace en Navidad nos invita a hacer viva la fuerza más importante del universo: el amor.
La tercera y última experiencia fue cuando les contó la historia de la escena de la noche de Belén que hizo San Francisco de Asís en 1223. Una vez que les contó la historia, usando uno de aquellos proyectores de transparencias que había entonces, les pasó varias hermosas imágenes de fotos que su abuelo había tomado de diversos nacimientos en la ciudad.
Mi amigo, cada Navidad, construye una chimenea de cartón en recuerdo y homenaje a su abuelo.


El autor es académico del ITESO,
Universidad Jesuita de Guadalajara – padilla@iteso.mx
Nutcracker Ballet
https://www.youtube.com/watch?v=tR_Z1LUDQuQ&t=1474

@arquimedios_gdl

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