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Antonio Peláez*

Los medios de comunicación se han convertido en un factor importante no sólo dentro del entretenimiento, sino en la educación y la difusión de ideas, adquiriendo por ello una gran responsabilidad.

El cine y la televisión a través del poder de sus historias, imágenes y sonidos, pueden manipular las emociones y también cambiar las conductas de la gente para bien o para mal. Una película te puede hacer reír o llorar, te puede estimular para imitar la conducta de alguno de sus personajes, y lo hacen de forma tan eficaz, que difícilmente lo pueden lograr otros medios.

Es por ello que más allá de ser una expresión artística o un simple pasatiempo, es un medio muy poderoso para la trasmisión de ideologías, corrupción del orden moral y educación de los pueblos.

El lenguaje, es el medio para poder comunicarse con los demás. Existe el lenguaje de las ballenas, el de las abejas, o el lenguaje de las flores que comunican diversas sensaciones y emociones a través de su fragancia o belleza. Dios, se comunicó primero con el hombre a través de su creación, y después con su Revelación.  En su mensaje, encontraremos los valores que todo comunicador debería de trasmitir: la verdad, el amor, la belleza y el respeto a la libertad y dignidad del hombre. Sin embargo en la actualidad, se defiende la libertad de expresión, más no la dignidad del hombre; se justifica todo tipo de lenguaje y de mensajes aunque ataquen los valores universales, y anteponiendo la libertad de expresión, el arte no debe de tener ninguna restricción tan solo por ser arte.

Muy pocos comunicadores se concientizan en la actualidad, sobre la necesidad de promover y defender los principios morales.  Los valores cristianos y espirituales, han sido excluidos del cine y la televisión, y el valor de la familia, es atacado por todos los frentes, trayendo como consecuencia el deterioro de la base moral en la sociedad. Los medios de comunicación impregnados de paganismo y de un materialismo desbordado, destruyen la dignidad del hombre como hijo de Dios, confunden y le han robado a las nuevas generaciones la esperanza y la certeza, de que a través del civismo, la bondad y los principios morales, es posible recuperar el camino a la verdad, y reconocer que el valor de la familia, es núcleo principal de la sociedad.

Ahora bien, si los medios de comunicación exigen una gran responsabilidad para aquellos que trabajan en ellos, también la exigen para sus consumidores, al saber valorar los contenidos que se deben de ver y pueden permitir entrar a sus hogares, asumiendo con responsabilidad la formación y la educación de sus hijos.

Un comunicador debe mostrar siempre la verdad, debe presentar lo malo como malo y lo bueno como bueno, así como las consecuencias que conllevan las malas o las buenas decisiones.

Si los medios de comunicación siguieran el ejemplo que utilizó Dios, para comunicarse con el hombre en su creación y revelación, entonces podrán ser una maravillosa herramienta para que el mundo recupere nuevamente la esperanza de ser feliz, y vivir en armonía y paz.

*Productor, escritor y director de cine & televisión

@arquimedios_gdl

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