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PBRO. GIOVANNI CAMARILLO

En el corazón de la Octava de Pascua, la Iglesia católica celebra la devoción a la Divina Misericordia, un tiempo especial para reflexionar sobre el amor insondable y la compasión infinita de Dios hacia la humanidad. En la Arquidiócesis de Guadalajara, esta devoción cobra un significado profundo en el contexto de la Gran Misión de la Misericordia que vivimos como fieles.
La Divina Misericordia, revelada a santa Faustina Kowalska en el siglo XX, nos recuerda que, incluso en medio de nuestras imperfecciones y pecados, Dios nos ofrece su perdón y misericordia sin límites. Es una invitación a confiar en la bondad de Dios y a acercarnos a Él con humildad y arrepentimiento.
En esta octava de Pascua, somos llamados a vivir la devoción a la Divina Misericordia de manera tangible en nuestra vida diaria y en nuestras comunidades. Esto implica seguir el ejemplo de Jesús siendo instrumentos de su amor y compasión en el mundo.
En la Arquidiócesis de Guadalajara, esta llamada se hace especialmente relevante en el contexto de la Gran Misión de la Misericordia. Esta misión nos invita a salir de nuestras zonas de confort y a llevar el mensaje de la misericordia de Dios a todos los rincones de nuestra sociedad.
Vivir la devoción a la Divina Misericordia en esta misión significa acercarnos a aquellos que sufren, a los marginados, a los enfermos y a los necesitados, con compasión y amor desinteresado. Significa ser testigos vivos del perdón y la reconciliación que Dios ofrece a través de su infinita misericordia.
En nuestras Parroquias, grupos de oración y comunidades religiosas, podemos vivir esta devoción a través de obras concretas de caridad y servicio. Podemos visitar a los enfermos, alimentar a los hambrientos, consolar a los afligidos y perdonar a aquellos que nos han hecho daño.
En cada gesto de amor y compasión, revelamos la presencia viva de Jesús entre nosotros.
Además de las obras de misericordia corporales, también estamos llamados a practicar las obras de misericordia espirituales: orar por los vivos y los difuntos, enseñar a los ignorantes, aconsejar a los que lo necesitan, corregir a los que están en error, consolar a los tristes y perdonar las ofensas.

En este tiempo de gracia y renovación, que la devoción a la Divina Misericordia nos inspire a ser verdaderos discípulos de Jesús, llevando su amor y compasión a todos los que encontramos en nuestro camino. Que nuestra vida sea un reflejo del amor misericordioso de Dios, y que podamos ser instrumentos de su paz y reconciliación en el mundo.

En nuestra Arquidiócesis de Guadalajara, contamos con un Santuario dedicado a Jesús de la Divina Misericordia, ubicado en la Av. Río Blanco #1588 Col. Lomas del Centinela, Zapopan, Jal., el cual el pasado 21 de febrero fue erigido canónicamente como Parroquia, en dicha celebración que presidió el Mons. Manuel González Villaseñor, le encomendó al primer Párroco de esta comunidad, el Sr. Cura Jorge Flores Molina, que se esmere por hacer que este lugar fuera un oasis de misericordia en donde los sacramentos que emanan del costado abierto de Jesús, dieran vida a los fieles que con fe visitan ese lugar.

Este Santuario es un lugar de encuentro con la misericordia de Dios, donde los  eles pueden acudir para
recibir consuelo, perdón y renovación espiritual.
Que la Divina Misericordia nos guíe y fortalezca en esta Gran Misión de la Misericordia que vivimos en la Arquidiócesis de Guadalajara, para que juntos podamos construir un mundo más justo, compasivo y lleno del amor de Dios.

@arquimedios_gdl

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