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Alfredo Arnold

04/09/2022

En 1828 se llevó a cabo la primera elección presidencial de México. Participaron tres candidatos: Manuel Gómez Pedraza, que obtuvo 11 votos; Vicente Guerrero, 9 y Anastasio Bustamante, 6. Pero al Congreso no le gustó el resultado y designó Presidente a Guerrero y Vicepresidente a Bustamante.

Cuatro años antes, no hubo necesidad de hacer enjuagues electorales, ya que Guadalupe Victoria (José Miguel Ramón Adaucto Fernández Félix era su nombre de pila) fue designado como el primer Presidente de los Estados Unidos Mexicanos sin necesidad de elecciones.

De los 26 votos registrados en 1828 a los más de 56 millones de sufragios que hubo en la elección presidencial de 2018, no solo hay 190 años de distancia, sino enormes cambios cualitativos. Los mexicanos hemos modificado constantemente la forma de elegir presidente.

El voto se hizo universal, es decir, para todos los ciudadanos. Las mujeres votaron por primera vez a nivel federal en 1955, pero fue hasta tres años después, en 1958, cuando participaron en la elección presidencial, que ganó López Mateos. En 1970 votaron por primera vez los jóvenes a partir de los 18 años. El padrón electoral, con el voto de la mujer, se duplicó llegando a más de seis millones y con el voto de los jóvenes a más de 14 millones.

Durante la segunda mitad del siglo XX, las modificaciones electorales fueron constantes. Hubo ocho reformas importantes: en 1977, 1986, 1989-90, 1993, 1994 y 1996, y dos más en lo que va del siglo XXI: 2007-08 y la de 2014.

Las reformas electorales han sido impulsadas por la oposición, hasta ahora surge una iniciativa desde lo más alto del Poder Ejecutivo. En la historia los reclamos han sido fuertes; de hecho, en 1958 el PAN retiró del Congreso a sus seis diputados federales en protesta por lo que llamó fraude en los comicios presidenciales. Esto provocó la reforma de 1964, en la que se incubó la idea de los diputados de partido.

Uno de los cambios más importantes fue, sin lugar a dudas, la creación de un órgano autónomo, el Instituto Federal Electoral (IFE), que le quitó de las manos al gobierno la organización de las elecciones federales.

Uno de los asuntos que espera al Congreso de la Unión, que recién regresó a su actividad ordinaria, es resolver sobre la iniciativa de reforma electoral. Debido a la polarización existente, el bloque opositor que forman los partidos PAN, PRI y PRD aseguran que no la dejarán pasar, mientras que Morena y sus aliados no están dispuestos a negociar “ni una coma”.

La iniciativa que presentó el Presidente contempla desde el cambio de nombre del actual Instituto Nacional Electoral (INE) hasta el sistema para elegir a sus consejeros. Propone reducir el número de funcionarios, bajar los gastos de partidos políticos, eliminar los institutos electorales estatales, desaparecer a legisladores plurinominales, etcétera. Las reformas propuestas, en general, apuntan a regresar a tiempos pasados en los que surgieron inconformidades, acusaciones y presunción de fraudes.

Algunos puntos que han originado gran controversia son, entre muchos otros, el sistema propuesto para elegir consejeros a partir de listas que presentarían los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Sería una forma de regresar al gobierno el control de las elecciones; desaparecer los institutos locales atenta contra la dimensión federalista y la soberanía de los Estados; quitar el financiamiento a los partidos abriría la puerta al dinero privado –a veces de dudosa procedencia– en la lucha electoral; eliminar al INE significaría desaprovechar millones de horas de experiencia y especialización en materia electoral de sus funcionarios y miles de ciudadanos que participan en las elecciones.

También es cierto que el sistema electoral ha generado excesos, como los elevados gastos de campaña de los partidos políticos o las regulaciones a la prensa. Lo cierto es que se trata un tema muy sensible, y que lo mejor sería continuar su tendencia progresiva gradual con el consenso de todas las fuerzas políticas.

Pero lo que se discutirá es una dicotomía de todo o nada. La oposición jugará a la defensiva, a que no le metan goles, y Morena a favor del Ejecutivo, para lo cual necesita una mayoría calificada que no tiene. Es una verdadera lástima lo que sucede en política, pero no hay remedio, son tiempos de polarización, además de estar contaminados por las cercanas elecciones.

El autor es LAE, diplomado en Filosofía y periodista de vasta experiencia. Es académico de la Universidad Autónoma de Guadalajara.

@arquimedios_gdl

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