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La dualidad del oído y el sentimiento

FORO RUIZ MEDRANO

José de Jesús Parada Tovar

El Quincuagésimo sexto Mensaje Papal a propósito de la Jornada Mundial de los Medios de Comunicación, “Escuchar con los oídos del corazón”, encierra un profundo significado, lleno de humanismo y de sustancia evangélica, que viene a confirmar la sintonía permanente de la Santa Sede con el acontecer cotidiano y las transformaciones sociales, referidos e interpretados a través de los instrumentos públicos de información y de opinión.

Particularmente en nuestro tiempo y circunstancias constatamos la diversidad de planteamientos que se nos ofrecen a través del alud incontenible y repetitivo de noticias, cifras y estadísticas, y luego su carga ideológica, partidista o absolutista, que con frecuencia nos incitan a desinteresarnos de una realidad así manifestada, o nos orillan a la confusión, al descrédito o a la inmediata descalificación.

Y es que, en este río revuelto de datos, novedades y pareceres, surgen y abundan “pontífices del Periodismo”, no precisamente en el sentido etimológico de quien “hace puente” para unir o facilitar el entendimiento, sino de ostentarse como la última palabra en cuanto a estar enterados, sustentar la verdad y no admitir contradicción. Esta pose, ciertamente influyente y redituable para las masas y el rating, suele prescindir de atender contrapartes.

Dice el Mensaje Papal de este año, que “escuchar es un verbo decisivo en la Gramática de la Comunicación, y condición para un genuino diálogo”. Añade que negarse a escuchar equivale a un acto de agresividad, muy proclive a convertirse en un monólogo a dos voces; es decir, nada más esperar a que el otro termine de hablar para yo expresar lo propio, sin necesariamente comprometer la apertura.

“La escucha, en el fondo, es una dimensión del amor” porque, a partir de una escucha atenta, contribuye a informarse de algo desconocido, ayuda discernir con razón e inteligencia, a cambiar de opinión, a ponerse en el lugar del otro y a actuar en favor del consenso y de la búsqueda del bien colectivo. Cuando se presta atención e interés, con calidad de escucha, a las advertencias, reclamos o puntos de vista del público que apela a los distintos Medios, el auténtico Comunicador profesional procesa lo escuchado desde el oído al corazón para darle sentido y hacer sensible la proclama popular, y luego su mano lo escribe fielmente o su voz y lenguaje corporal lo hacen transitar por las vías electrónicas… Es una forma pacífica de empoderar y darle sitio a la verdad, la mejor gestora de la libertad.  

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