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Alfredo Arnold

El Presidente Andrés Manuel López Obrador ha conseguido dos importantes victorias políticas en su gobierno: una, es la instalación de la primera mujer en la Presidencia de la República, ya que de él surgió el destape de lo que llamó sus “corcholatas” y dirigió el proceso de selección de Morena en favor de la única mujer, Claudia Sheinbaum; ante eso, la oposición no tuvo más remedio que postular también a una mujer, Xóchitl Gálvez, dejando la lucha presidencial entre ellas dos, ya que la participación del candidato de Movimiento Ciudadano, Jorge Álvarez Máynez, es claramente marginal. Cuando pasen los años, el hito de la primera presidenta habrá de asociarse el nombre de López Obrador.
La segunda victoria es haber dividido al país en dos bloques: el conservador y la 4T. Esto fue a fuerza de repetirlo casi todos los días en sus mañaneras. Por supuesto, se trata de algo artificial, una entelequia creada a conveniencia del Presidente porque de esa manera conserva su base de seguidores que, de acuerdo a sus cálculos, es mayor que la de sus detractores y eso finalmente se reflejará en las elecciones. En la lógica presidencial, el bloque conservador se identifica con un pasado corrupto, mientras que la “transformación” representa todas las virtudes del buen gobierno.
La construcción fantasiosa de los dos bloques se acomoda al estilo personal de gobernar del Presidente; nada tiene qué ver con la guerra entre liberales y conservadores del siglo XIX, ni con el Imperio de Maximiliano, ni con los estilos de Juárez o don Porfirio. Mucho menos con la Revolución. No es la lucha entre monárquicos y republicanos, es simplemente un pasaje de la historia de México actualizado y adaptado a los tiempos modernos.
Decir que sólo existen dos bloques políticos equivaldría a suponer que todos los aficionados al fútbol están divididos en dos grupos: los que le van al Guadalajara y los que le van al América, ignorando que también hay millones que siguen a Pumas, al Cruz Azul, a Tigres y a todos los demás equipos. Incluso, también hay millones a quienes no les interesa el fútbol, por lo que no pertenecen ni al grupo de las Chivas ni al del América.

Así en la política, hay pro y anti 4T, hay indiferentes, convenencieros, chapulines que brincan alegremente de un lado a otro, hay muchísimos que detestan la política y otros que no saben realmente de qué lado están.

La 4T se asocia al concepto de “pueblo”, algo muy difícil de definir en la actualidad. En una estructura social de castas, el “pueblo” serían los pobres, los indígenas, esclavos, discriminados, pero eso ya no se da en la actualidad. Una gran parte de la población mexicana está conectada a Internet, tiene teléfono celular, trabaja aunque sea en la informalidad y cuenta con vehículo propio. Entonces, ¿quién es el “pueblo”?

El riesgo principal de haber introducido nuevamente la idea de que sólo existen dos bloques políticos, es que se inyecta en la población el veneno de la lucha de clases y esto puede tener funestas repercusiones en el futuro.
El próximo gobierno de México deberá borrar esta entelequia, esta máxima presidencial de que sólo existen dos grupos: los “neoliberales corruptos” y los “virtuosos 4T”; de que “el que no está conmigo, está contra mí”, y favorecer el sano restablecimiento de la convivencia política.
*El autor es LAE, diplomado en Filosofía y periodista de vasta experiencia. Es académico de la Universidad Autónoma de Guadalajara.

@arquimedios_gdl

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