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Abel Campirano Marín

Los domingos cuando asistíamos a Misa, mi Padre se ponía su mejor traje y mi Madre su mejor vestido; a mi hermano y a mí nos ponían “catrines”. Al preguntarle a mi Papá la razón, su respuesta fue muy simple: ¿Si fueras a ver a un Rey a su palacio no te pondrías tu mejor ropa hijo?

Vas a la casa del Señor. Por tanto vístete adecuadamente; es inadmisible que se acuda al Templo en shorts, con sandalias y camisetas deportivas. Estamos en un lugar sagrado; seamos educados, honremos el lugar. No es preciso el saco, la corbata y el vestido, simplemente la ropa que el buen juicio nos impone.

Un párroco del pueblo decía: la primera llamada a misa es para que se prevengan; la segunda, para que se vengan y la tercera, ya ni vengan.

Hay fieles que llegan iniciada la celebración, otros en plena homilía y otros más, como si fuera película: si llegaron en el Ofertorio, se quedan a la misa siguiente y se salen exactamente donde llegaron a la anterior: en el Ofertorio.  La misa así, simplemente no vale.

Hay que llegar antes de la última llamada y prepararnos para la celebración eucarística;  no lleguemos tarde. La puntualidad es la cortesía de los Reyes. La puntualidad es una cualidad de la decencia.

Durante la misa debemos ser participativos en las oraciones comunitarias, en las respuestas a las antífonas, a los cantos; si podemos y hay disponibilidad en los confesionarios, vamos a pedir el perdón a Dios por los pecados cometidos, para poder comulgar en gracia. Aunque pensemos que son veniales y “con un Padrenuestro basta”, mejor vamos a la Reconciliación. Recibiremos la Sagrada Forma en paz, con conciencia tranquila y singular alegría.

Hay que estar muy atentos a la celebración. Que desagradable estar escuchando las conversaciones de quienes ocupan las bancas de atrás o los asientos contiguos; desde el momento en que llegamos al Templo, debemos entender que estamos en la Casa de Dios, en un lugar de oración, de devoción, de respeto. No es una Plaza de Toros, un Estadio o un Centro de Convenciones o eventos. El silencio es oro. Hay que dedicar un tiempo antes y después de la misa para poder recibir mejor los dones que El Señor nos da.

Si usted llega temprano al templo, por favor no ocupe los extremos de las bancas. No lo haga si no está dispuesto a pararse y hacerse a un lado para que pasen otros fieles como usted. Yo he visto muchas personas que se molestan y hacen “cara de sargento mal pagado” como decía mi Madre, cuando alguien les pide permiso para sentarse. Si a usted no le gusta que lo molesten, cuando llegue, ocupe los espacios centrales para dejar que los que vayan llegando puedan introducirse más cómodamente a su asiento.

En la próxima entrega seguiremos hablando del tema, porque vaya que hay materia. Pax Vobis.

@arquimedios_gdl

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