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Muy queridos hermanos: No hay auténtica vida cristiana sin la manifestación de la fe. Por eso
los Apóstoles dijeron al Señor: “aumenta nuestra fe”.
Los Apóstoles ya habían experimentado el tener que dejarlo todo para seguir a Jesús, y eso cuesta, eso es difícil, por eso experimentaron la necesidad de que Jesús les aumentara la fe.
Si no es por la fe, no pueden entender esos mandamientos, ese estilo de la vida de Jesús.
La vida cristiana se fundamenta en la fe. Es una virtud, una actitud habitual. Es una inclinación a pensar, a juzgar y a actuar como nos enseña Jesús, de manera espontánea, pero de manera coherente y radical.

Eso es la fe, pensar, actuar, como nos enseña Jesús en todas las circunstancias.

A veces, uno platica con cristianos que dicen tener fe y, muchas veces, lo que tienen es un sentimiento religioso de piedad, de devoción, que incluso les permite seleccionar qué creer y qué no creer de la religión católica. Por eso, tenemos cristianos creyentes, fervientes católicos, que no aceptan la moral
católica.
La fe es una inclinación permanente a ver, juzgar y actuar como nos enseña Cristo.

Este modo de actuar no lo alcanzamos por nuestras propias fuerzas o por nuestro estudio
o nuestra preparación, esto es una gracia, un don, un regalo que Dios da. Por eso es importante pedirle: “Señor, aumenta nuestra fe”.

La fe nos abre el camino y nos acompaña en todo el recorrido. La fe nos señala el camino.
Es la luz que nos ilumina para no extraviarnos para no irnos por otro sendero que no nos lleva a alcanzar
nuestro fin.
El Papa Benedicto decía: “Urge devolverle a la fe su carácter permanente de iluminación, de ser luz. Si no es así, las otras luces, por ejemplo, la ilusión de la familia, de vivir muchos años, de tener salud, detener bienes, esas luces, acaban por languidecer y el hombre acaba por experimentar la pérdida del
sentido de su vida”.
La fe nos lleva a descubrir lo que Jesús nos reveló: Que Dios es Padre, que Dios es amor, que Dios es infinitamente misericordioso, que nos ofrece siempre su ternura y su perdón.
Quien no ha descubierto esa luz del amor de Dios, camina a tientas, tropezando, desviándose, equivocándose; con mucho dolor y sufrimiento. Pero el que ha descubierto y ha experimentado el amor de Dios, descubre la plenitud del amor.
Pidamos para nosotros, para nuestras familias y para nuestros hermanos cristianos de todo el mundo el don de la fe. Que así sea.

Yo les bendigo en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

@arquimedios_gdl

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