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+Mons. Ramón Salazar Estrada
Obispo Auxiliar de Guadalajara

El pasado 25 de marzo, el Papa Francisco aprobó la Declaración Dignitas infinita sobre la dignidad humana del Dicasterio para la Doctrina de la Fe. De la que ahora queremos presentar un resumen con el fin de motivar a su lectura y reflexión.
La dignidad de toda persona humana es infinita gracias al Creador, que le hizo a su imagen y semejanza, a Jesucristo que, con su Pasión, Muerte y Resurrección, le ha redimido. Esta realidad ontológica, única y eminente en cada mujer y hombre, no está en dependencia de la particular situación cultural, social, física, psicológica, sexual o, incluso, moral.
San Pablo VI decía «ninguna antropología iguala a la antropología de la Iglesia sobre la persona humana, incluso considerada individualmente, en cuanto a su originalidad, dignidad, intangibilidad y riqueza de sus derechos fundamentales, sacralidad, educabilidad, aspiración a un desarrollo completo e inmortalidad».
Cuando se habla de la dignidad humana como realidad ontológica, querida, creada y amada por Dios, se afirma que a toda persona le corresponde por naturaleza tal prioridad entre los seres, no es una institución que se la brinda, el Estado o su credo, la herencia o la familia, ni se alcanza tampoco por el propio esfuerzo.
La encarnación del Hijo de Dios ha dejado el mensaje claro de la humanidad asumida y elevada a una particular dignidad. Sin dejar de ser Dios se hizo hombre, «nacido de mujer, nacido bajo la ley» (Gál. 4,4). Además, Jesús nació y creció en condiciones humildes, manifestando así la dignidad de los necesitados. Su cercanía y relación para con todos, expresa que las condiciones sociales y circunstancias externas no anulan el gran valor de la humanidad, al contrario, pese a tales situaciones sociales, religiosas y morales, debe reconocerse el don de la creación en todos. La exclusión que la sociedad hebrea de su tiempo había hecho, fue desmentida con la actitud del Redentor frente a los niños, mujeres, enfermos, extranjeros y recaudadores de impuestos, entre otros.

En la actualidad, afirmar esta dignidad, permite dirigir nuestra mirada particularmente hacia los neonatos, huérfanos, ancianos, enfermos, enfermos mentales, enfermos incurables, personas en situación de calle, etc.. Tan alta dignidad no se pierde, pero sí se oculta por diferentes razones; por ejemplo, con el mal uso de la propia libertad, la falta de respeto a sí mismo y el pecado.
La búsqueda y aceptación del bien y la verdad, siempre bajo la guía del Espíritu de Dios, ayudará para que se manifieste con mayor lucidez esta realidad.

Afirma el Papa Francisco, «en la cultura moderna, la referencia más cercana al principio de la dignidad inalienable de la persona es la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, que san Juan Pablo II definió: “piedra miliar puesta en el largo y difícil camino del género humano”, y como “una de las más altas expresiones de la conciencia humana”».
En la Carta encíclica Evangelium Vitae, con el fin de evitar que la persona exalte de tal manera su condición, llegando a considerar que su libertad es autorreferencial e individual, afirma que la libertad está «al servicio de la persona y de su realización mediante el don de sí misma y la acogida del otro. Sin embargo, cuando la libertad es absolutizada en clave individualista, se vacía de su contenido original y se contradice en su misma vocación y dignidad». «Así pues, la dignidad del ser humano incluye también la capacidad, inherente a la propia naturaleza humana, de asumir obligaciones hacia los otros» (n. 27).

Para los creyentes, la afectación a la propia humanidad hiere también la fe en Cristo, hombre verdadero. Son evidentes las acciones que atentan y dañan la dignidad del hombre y la mujer. Entre otras, se recuerda, el drama de la pobreza, la guerra, el trabajo de los migrantes, la trata de personas, los abusos sexuales, las violencias contra las mujeres, el aborto, la maternidad subrogada, la eutanasia y el suicidio asistido, el descarte de las personas con discapacidad, la teoría de género, el cambio de sexo y la violencia digital.

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