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Provocó ataques contra católicos

Alfredo Arnold

Tomás Garrido Canabal fue uno de los más grandes perseguidores de la Iglesia católica en México. Ni Juárez ni Calles llegaron a los extremos del odio personal que caracterizaron a este personaje tabasqueño que organizó grupos de choque para agredir a Sacerdotes y monjas, cerrar templos, destruir imágenes religiosas y perseguir a los feligreses.
Entre 1919 y 1934, Garrido Canabal, aunque era chiapaneco, ocupó la Gubernatura de Tabasco. De
ideas fuertemente anticatólicas, estaba decidido a exterminar la Iglesia en México, y para ello creó un grupo de choque denominado “Camisas Rojas”, conocidos así porque utilizaban como uniforme camisas de ese color, pantalones negros y boinas rojas. Estaban integrados por hombres y mujeres de entre 15 y 30 años de edad, y tenían una formación ideológica socialista. Una de sus acciones más violentas ocurrió en la plaza de Coyoacán, de la Ciudad de México, donde dispararon contra un grupo de católicos, por lo cual fueron declarados ilegales en 1934.

El país era gobernado por el “maximato” aunque, de hecho, quien mandaba era el ex presidente Calles, también de izquierda, quien había suscitado la llamada Guerra Cristera. Cuando las aguas ya se habían medio tranquilizado, Garrido reanudó los ataques contra los católicos. Actuaban como una organización paramilitar. De los 85 templos que había en Tabasco, 68 los arrebataron y los demás los destruyeron.
Como gobernador, Garrido también expidió leyes draconianas contra la Iglesia, limitando el número de Sacerdotes e imponiendo condiciones absurdas para evitar que hubiera nuevas ordenaciones.

La reacción de los católicos no se hizo esperar. En 1934 se creó la Acción Revolucionaria Mexicanista
(ARM), conocida como los “Camisas Doradas”, también en alusión a su uniforme, que completaban con
pantalón de mezclilla, un escudo tricolor en el pecho y sombrero de palma. Fue fundada en 1934 por el ex
villista Nicolás Rodríguez. Esta organización la emprendió contra los miembros del Partido Comunista
y contra quienes los apoyaban.

Muy pronto se daría el primer enfrentamiento entre rojos y dorados. Para entonces, ya era Presidente de México el general Lázaro Cárdenas, quien había tomado posesión apenas el 1º de diciembre de 1934.

En la mañana del domingo 30 de diciembre de ese año, los Camisas Rojas se colocaron frente a la Parroquia de San Juan Bautista, de la Delegación de Coyoacán, y cuando los fieles salían de Misa les dispararon al grito de “¡Viva la Revolución!”, dejando cinco personas muertas (dos de ellas mujeres) y numerosos heridos.
Durante los festejos por el 25 aniversario de la Revolución Mexicana, el 20 de noviembre de 1935,
un contingente de Camisas Doradas, formado por jinetes, enfermeras y ambulancias, llegó al Zócalo
capitalino con la intención de pasar revista, pero fueron agredidos por choferes del Frente Único
de Trabajadores del Volante, de filiación socialista, provocando la muerte de tres personas y 50 heridas.

El 2 de agosto de 1936 ocurrió otro enfrentamiento, esta vez en Guadalajara, a raíz de lo cual la existencia del grupo de los Camisas Doradas fue duramente rechazada por el Congreso de la Unión y por el Partido Nacional Revolucionario (antecesor del PRI), hasta que su líder, Nicolás Rodríguez, fue expulsado del país y la organización fue disuelta.
Guadalajara fue el último escenario de la lucha entre Camisas Doradas y Camisas Rojas, y fue probablemente el último episodio violento entre católicos y anticatólicos. El comunista Garrido ya estaba replegado en su Estado, mientras que los derechistas se habían quedado sin su líder, lo cual puso fin al conflicto entre rojos y dorados.

Pero aún quedaban resabios; antes de marchar al exilio, Calles produjo otro conato de enfrentamiento
al que se le conoce como “Segunda Cristiada”. Esto inició con el “Grito de Guadalajara”, en el que Calles
(sin ser presidente) proclamó la educación socialista, que, por supuesto, no fructificó. El Presidente Lázaro
Cárdenas tomó la decisión de desterrar del país a Calles, quien se hacía llamar “Jefe Máximo de la Revolución”, y en lo sucesivo ya no hubo enfrentamientos serios entre católicos y comunistas.
La Guerra de Reforma, la Revolución, la Guerra Cristera y la guerra “de las camisas” comenzaban a quedar atrás. Al parecer, ahora sí, definitivamente.
*El autor es LAE, diplomado en Filosofía y periodista de vasta experiencia. Es académico de la Universidad Autónoma de Guadalajara.

@arquimedios_gdl

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