upc4

PBRO. JOSÉ ANTONIO LARIOS SUÁREZ.

SECCIÓN DIOCESANA DE PASTORAL DE EDUCACIÓN Y CULTURA.

Al celebrar los 475 años de la creación de la diócesis de Guadalajara sería bueno plantearnos la pregunta ¿cuál es la identidad de nuestra iglesia diocesana? ¿la conocemos, la tenemos presente?
En ocasiones pretendemos evaluar, proyectar, establecer planes pastorales, pero cuando se desconoce el origen, nuestra identidad, estamos fincando en lo etéreo.
Lo que hace grande y fuerte a los pueblos, naciones e instituciones es el anclaje a la propia identidad, la conciencia de ¿quiénes somos, de dónde venimos? que no significa anclarse al pasado y desde pedagogías de antaño responder a los desafíos actuales, significa claridad del punto de partida para no desviarnos en el camino que debe ser lleno de creatividad y aventuras, más no de experimentos simpáticos “a ver que sale”.

El mismo pueblo judío es prueba de ello, toda el Antiguo Testamento tiene su origen en la sencilla frase que condensa su identidad a la vez que sencilla, profunda: “mi padre era un arameo errante”.

En esa conciencia de ser Pueblo de Dios naciente de un arameo errante, la comunidad tiene una experiencia fundante de salvación: la pascua. El pueblo de Israel no teorizó el concepto de salvación, no fue un concepto mental, sino vivencial, no futurista sino aquí y ahora, con una proyección de eternidad lo sabemos ahora, pero en ese momento fue para ellos experiencia actual y viva que los cimbró.
Se vieron libres de la esclavitud de Egipto, cruzaron el Mar Rojo, a su vista quedó sepultado el pueblo que los oprimía, salvaron su vida, ante ellos se abrió no solo el mar, sino todas las posibilidades de ser un pueblo con esperanzas enormes del futuro prometedor que Dios había revelado a Abraham.

Después de la experiencia fundante de salvación, vino el compromiso, la alianza, el pacto con el Dios que los salvó, alianza que quedó codificada en las diez palabras, los diez mandamientos que son expresión viva de que “el Señor es nuestro Dios y nosotros somos su Pueblo”.
Nuestra Iglesia diocesana también tiene su origen, su pascua y su alianza, mismas que debemos conocer y concientizar para proyectar nuestros planes, proyectos y procesos pastorales.
EL ORIGEN DE LA IGLESIA DE GUADALAJARA
Su origen se remonta al año de 1530, sin visiones ni luminosidades espectaculares, sin anuncios ni decretos solemnes de que iniciaría un gran proyecto evangelizador, al igual que los dos acontecimientos vertebrales de nuestra salvación; la encarnación del Hijo de Dios y su resurrección que fueron de noche, a las afueras de la ciudad, donde ni los notables ni poderosos se dieron por enterados, con la señal dada a los pastores: un niño envuelto en pañales y en la resurrección, con la señal de la tumba vacía; así en nuestro occidente de México, los indígenas, vieron llegar a un fraile de hábito raído, descalzo, vestido muy diverso que ellos y con la imagen de una mujer indígena al pecho.

Era Fray Antonio de Segovia, el apóstol de la Nueva Galicia con la pequeña imagen que representaba la Inmaculada Concepción y que poco más de un siglo después sería llamada Nuestra Señora de Zapopan, de escasos 33 centímetros, de peso muy ligero y de un material poco noble: la pasta de caña de maíz, manufacturada por los indígenas tarascos de Pátzcuaro Michoacán.
Más de una década, con esta pequeñísima imagen anduvo aquel fraile creativo que traía fuego en el corazón, recorriendo todo el occidente mexicano, con el crucifijo y la Virgen, levantando ermitas y mínimos conventos, con primitivos hospitales, enfermerías, escuelas y talleres, aprendiendo lenguas extrañas y desconocidas de los indígenas.

Allí y así nació nuestra Iglesia diocesana de Guadalajara, que jurídicamente se constituiría en 1548, pero 18 años antes ya había una Madre gestando con su acción evangelizadora el Pueblo santo de Dios que peregrinaría en estas latitudes del occidente de México.
En el siguiente artículo abordaremos, cuál fue el hecho pascual y liberador de nuestra comunidad que dio experiencia de salvación a los nativos y deseo de comprometerse con ese buen Dios que apenas conocían y que por mediación de María les libró de la muerte y de los poderes que les oprimían e impedían tener una vida digna.

@arquimedios_gdl

TE INVITAMOS A FORMAR PARTE DE LOS

Comunicadores Parroquiales

Los cuales promueven la Pastoral de la Comunicación en sus Parroquias

1 comment

Avatar
JUAN PEDRO RODRÍGUEZ FLORES julio 19, 2023 - 11:50 pm

Muy interesante y formativo articulo.

Comments are closed.

Dirección

"En la Iglesia tenemos urgente necesidad de una comunicación que inflame los corazones, sea bálsamo en las heridas e ilumine el camino de nuestros hermanos y hermanas"

Papa Francisco

Copyright @2023 – Todos los Derechos Reservados.