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“La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre en el que
éste se siente a solas con Dios” (Cat de la Igl. Católica, 1776)

Martha Correa

El 11 de mayo de 2018 se publicó en el Diario Oficial de la Federación una adición a la Ley General de Salud que introduce la figura de la objeción de conciencia en el sector salud. Sin embargo, en junio de ese año, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos promovió una acción de inconstitucionalidad ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación, por considerar que esta adición vulnera el derecho a la protección de la salud de la población, así como otros derechos garantizados en la Constitución. Aquí queremos clarificar que la libertad de conciencia es un derecho inalienable de la persona.

El artículo 49 de la Ley General de Salud Establece:

“El ejercicio de este derecho no será objeto de ningún tipo de exclusión o discriminación de carácter laboral. Cuando se ponga en riesgo la vida del paciente o se trate de una urgencia médica, no podrá invocarse la objeción de conciencia, en caso contrario se incurrirá en la causal de responsabilidad profesional”.

Por otra parte, se reformó el primer párrafo del artículo 24 de la Constitución Política de los Estados
Unidos Mexicanos, para quedar como sigue: Artículo 24. Todo individuo tiene derecho a la libertad de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de tener o adoptar, o no tener ni adoptar, la religión o las creencias de su elección, así como la libertad de manifestar su religión o creencias, individual o colectivamente, tanto en público como en privado, mediante el culto, la celebración de ritos, las prácticas, la difusión y la enseñanza; siempre que no constituyan un delito o una falta sancionado por la ley.

[…]

[Se deroga]

Sin contravenir lo prescrito en el artículo 3º de esta constitución, el Estado debe respetar la libertad
de los padres y, en su caso, de los tutores legales, para garantizar que los hijos reciban la educación
religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones.

Niveles de conciencia

La conciencia es una labor o una tarea que todos ejercemos consciente o inconscientemente. Es entrar en nosotros mismos y reflexionar en lo que sentimos y observamos.

Mons. Ramón Salazar, Obispo Auxiliar de Guadalajara, nos ilustra al respecto: “El primer nivel, es el de la conciencia sensitiva. Es cuando caemos en cuenta de que percibimos o sentimos algo y nuestro sentido nos refiere alguna sensación o experiencia. Posteriormente, tenemos la conciencia racional o conciencia psicológica. Ésta consiste en darnos cuenta de la realidad en la que nos encontramos y podemos conceptualizarla, explicarla, e incluso ponerle nombre. Sabemos un poco de su causa o pensamos
cuáles pueden ser los posibles efectos, y ahí estamos usando lo que es la conciencia racional o conciencia psicológica. Enseguida encontramos el tercer nivel, la conciencia moral o práctica, es para nuestra experiencia actual o nuestro presente, y nos lleva a valorar lo que nosotros vemos, experimentamos o sentimos. Es decir, qué tan bueno es lo que nosotros hacemos, es una valoración de acuerdo a ciertos
parámetros, doctrina o pensamiento, donde se valoran las acciones personales o ajenas”.

Conciencia innata

Se considera que desde la gestación existe un nivel de conciencia, por lo que ésta se cree inherente al
ser humano, pero comenzamos a darnos cuenta de ella conforme vamos creciendo y comprendiendo las
cosas, entonces comenzamos a darle un trabajo a la conciencia, ya sea sensitiva, racional o moral. Tenemos el compromiso personal y social de formar adecuadamente la conciencia.

Este contexto siempre ha existido en la doctrina cristiana. Desde el Antiguo Testamento, nosotros encontramos en la Sagrada Escritura esta realidad de cómo la persona toma conciencia de lo que vive y de lo que hace.

En la cultura propiamente judeocristiana, se usó mucho la palabra corazón cuando se hablaba, por ejemplo, de una manera muy particular en los profetas, de que Dios le daría a la humanidad un corazón
de carne, es darle esas entrañas de saber valorar las cosas y de tomar conciencia del bien y del mal.
“Quitaré de la humanidad ese corazón de piedra y les daré un corazón de carne, un corazón que siente, un
corazón que percibe” (Ez 11, 19-20). Entonces, ya desde el Antiguo Testamento en la cultura cristiana tenemos esta realidad.

Conciencia humana

Hoy en día es más común el uso de esta palabra “conciencia” con conocimiento; es decir, caemos en la
cuenta de algo ya sea racional o éticamente.

Mons. Ramón Salazar menciona que en el Concilio Vaticano II encontramos, de manera particular,
en la Constitución llamada GAUDIUM ET SPES, que “la conciencia es el núcleo más secreto, y sagrario del hombre, en el que éste se siente a solas con Dios” (num. 16), texto que reproduce el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 1776).

De esta manera, tal vez con palabras no tan técnicas, pero sí claras, se menciona cómo en la doctrina cristiana consideramos la conciencia como algo interior donde reservamos la presencia de Dios, pero no solamente es un encuentro con Dios, sino también el ser humano se encuentra consigo mismo. Es decir, comienza a reflexionar, percibir y confrontar lo que es bueno, malo, y lo que es verdadero. Así mismo,
escucha esta voz de Dios, que también le hemos llamado razón o ley natural.

Tags: Semanario

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