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Luis Sánchez

Para hablar de desarrollo humano y justicia social hemos tenido que dejar atrás el pensamiento tradicional encaminado a la racionalidad económica. Anteriormente creíamos que una persona alcanzaba la felicidad y el bienestar a partir del factor económico únicamente.
Qué equivocados estábamos, pues hablar de lo que para una persona puede considerarse una “vida buena” va mucho más allá, permíteme lector, desarrollar esta idea a partir de un enfoque cuando menos interesante.
Amartya Sen, filósofo y economista Indio desarrolló en los setenta un enfoque para entender el desarrollo humano que dejaría en segundo término el elemento monetario para dar pie a una concepción más bien pluralista del bienestar en un individuo. Le daría el nombre de “Enfoque de Capacidades” y sería tal su impacto que organizaciones como la misma ONU le daría uso para plantear el Índice de Desarrollo Humano que se ha convertido en un mecanismo de medición para los países alrededor del mundo.

A groso modo, la idea consiste en que cada persona tiene la capacidad de ser o hacer lo que desea o valora a partir del desarrollo de los funcionamientos que va adquiriendo a lo largo de su vida: leer, comer, realizar un deporte, analizar un artículo científico, debatir, y podríamos continuar. Pero si lo analizamos detenidamente, también resalta un problema social que es posible evidenciar a partir del mismo: la desigualdad. No todo individuo, por el entorno y contexto en el que nace y crece, tendrá la misma posibilidad de desarrollar un abanico de funciones.
¿Qué pasa entonces con aquellos individuos que están limitados por su entorno social? Aquí entra un actor clave y determinante: nuestros tomadores de decisiones, pues si bien el enfoque parte del aspecto individual, también está asignando una tarea esencial a nuestros gobiernos a través de sus políticas públicas: mejorar la calidad de vida de aquellos que, por sus propios medios, no pueden desarrollar un abanico suficientemente amplio de funcionamientos para alcanzarla.

Dejemos de creer que todo gira en torno al aspecto económico, pero a su vez, seamos conscientes que el bienestar y la libertad de elección de una persona solo es posible si se prestan las condiciones, y ahí es donde nuestros gobiernos deben interceder por el bien común.

Nos leemos la siguiente semana, y recuerda luchar, luchar siempre, pero siempre luchar desde espacios más informados, que construyen realidades menos desiguales y pacíficas.

@arquimedios_gdl

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