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Hermanas y hermanos en el Señor:

La Virgen de Guadalupe, la “verdadera Madre del Dios por quien se vive”, vino a estas tierras en un momento difícil para la comunidad originaria. Sus pobladores estaban padeciendo mucho, porque el mundo estaba cambiando para ellos. Vinieron hombres que nunca imaginaron que existían y estaban causándoles mucho daño.
María apareció y dio mucho consuelo a los nativos, y también fue causa de que muchos de los que llegaban de fuera y estaban causando mal a los habitantes locales se convirtieran. Ella vino a hacer una fusión de fraternidad, de reconocimiento y de respeto entre todos los pobladores de este lugar.
Esa preocupación de Ntra. Sra. de Guadalupe sigue siendo la misma hoy.
Siente compasión de todos los que aquí están sufriendo por distintas causas. A veces, causas de verdadera injusticia, cometidas entre hermanos. Ella no quiere que nos hagamos la guerra, que nos causemos tanto daño, sino que recobremos nuestra conciencia de ser hijos de tan amorosa y cariñosa madre, que nos reconozcamos y nos reconciliemos como hermanos.
María de Guadalupe quiere enjugar las lágrimas de todos los que sufren, de manera especial de aquellas madres que lloran, día y noche, la desaparición de sus hijos, causada por los mismos hermanos.

Ella llora con las madres que han perdido a sus hijos, y quiere enjugar sus lágrimas. Llora por la violencia cometida a tantas mujeres que sufren humillaciones, discriminación y que, muchas veces, mueren.

Este escenario de violencia que estamos viviendo en México espera que lo retomemos en una verdadera reconciliación, y que entendamos que somos hijos de la misma Madre y del único Padre, Dios.

¿Por qué hemos perdido tan dramáticamente el sentido de ser familia que Ella sembró en nuestros corazones? Tal vez porque hemos perdido el valor de escuchar las enseñanzas de su Hijo.
Nos hemos olvidado del Evangelio de la vida, del amor, de la fraternidad, de la solidaridad y de la paz. María vino para traernos la Buena Nueva del amor de Dios en su Hijo Jesucristo. Esto quiere restablecer entre nosotros, que volvamos al Evangelio.
No tiene sentido que nos volquemos en manifestaciones religiosas en estas fechas y que después nuestra vida vaya por otros caminos que no son los caminos de Dios.

No tienen sentido las aclamaciones, los colores, la música, las danzas, las flores, todas las manifestaciones externas de religiosidad si nuestro corazón no se involucra y no acoge el mensaje de amor que María vino a traer a nuestra tierra.

Ella preferiría que acogiéramos su mensaje de fraternidad, de amor y de paz, aunque no hiciéramos ninguna manifestación externa, porque Ella más bien nos quiere reconciliados, que respetemos los bienes de los demás, sobre todo, la vida.
No hay derecho de que nadie le quite la vida a otro. Ojalá que recapacitemos, que tomemos el camino, que queramos reconstruir un México en la justicia y en la paz. Sin justicia y sin paz no hay progreso para nadie, solo es vivir con temor, con desconfianza, porque nos atacamos unos a otros.
Que María nos tome de su mano y nos conduzca por el camino de la fraternidad. (De la homilía del 12 de diciembre de 2023, en el Santuario de Ntra. Sra. de Guadalupe).

Yo les bendigo en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

@arquimedios_gdl

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