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Corazones que arden, ojos abiertos, pies que se ponen en camino. Con estos tres aspectos, que trazan el itinerario de los discípulos misioneros, se puede renovar el celo por la evangelización en el mundo actual, ha señalado el Papa Francisco en su mensaje para la 97 Jornada Mundial para las Misiones.
Fue en 1926 cuando el Papa Pío XI estableció que el penúltimo domingo de octubre fuera para toda la Iglesia el Domingo Mundial de las Misiones (DOMUND), en favor de la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe; un día para mover a los católicos a amar y apoyar la causa misionera. Años después, en 1943, era considerada en España una “fiesta de la catolicidad y de la solidaridad universal”.
En la actualidad, son en total 619 mil 546 misioneros laicos católicos en el mundo, según señala una fuente consultada. A ellos, y más, el Papa Francisco quiso expresar su cercanía en Cristo “a todos los misioneros y las misioneras del mundo, en particular a aquellos que atraviesan un momento difícil. El Señor resucitado, está siempre con ustedes y ve su generosidad y sus sacrificios por la misión de evangelización en lugares lejanos.
No todos los días de la vida resplandece el sol, pero acordémonos siempre de las palabras del Señor Jesús a sus amigos antes de la Pasión: «En el mundo tendrán que sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo», es necesario recordar que un simple partir el pan material con los hambrientos en el nombre de Cristo es ya un acto cristiano misionero. Con mayor razón, partir el Pan Eucarístico, que es Cristo mismo, es la acción misionera por excelencia, porque la Eucaristía es fuente y cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia”.

Ir de prisa, para compartir con los demás la alegría del encuentro con el Señor, manifiesta que «la alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. El primer y principal recurso de la misión lo constituyen aquellos que han reconocido a Cristo resucitado, en las Escrituras y en la Eucaristía, que llevan su fuego en el corazón y su luz en la mirada. Ellos pueden testimoniar la vida que no muere más, incluso en las situaciones más difíciles y en los momentos más oscuros.
“La imagen de los “pies que se ponen en camino” nos recuerda una vez más la validez perenne de la misión ad gentes, la misión que el Señor resucitado dio a la Iglesia de evangelizar a cada persona y a cada pueblo hasta los confines de la tierra. Hoy más que nunca, la humanidad, herida por tantas injusticias, divisiones y guerras, necesita la Buena Noticia de la paz y de la salvación en Cristo”, concluyó diciendo el Papa.
A los católicos de México, y muy en particular de la Arquidiócesis de Guadalajara, habría que preguntarles, ¿qué están dispuestos a hacer durante octubre para ayudar a las Misiones? Y ¿Cómo pueden ser misioneros en su misma familia, en su trabajo y en su vida diaria?

@arquimedios_gdl

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