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DENISSE ARANA ESCOBAR

Recordando una expresión de Benedicto XVI, respecto de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), podemos asumirla como «amor en la verdad en las cuestiones sociales» (CV 5); es decir, el anuncio de la verdad del Amor de Cristo en la sociedad. Este principio adquiere forma operativa en criterios orientadores de la acción moral (CV 6), donde la mujer tiene mucho que aportar.

La mujer que, no sólo es parte de la Iglesia, sino que es Iglesia, quien por su genio femenino (MD 31) imprime un sello especial a los ambientes donde interactúa, quien tiene la posibilidad de aportarles ternura, calidez, amor y un tono humano digno. Quien está llamada también a dar y encender la vida desde el amor y la entrega generosa, quien ha sido parte fundamental en toda sociedad y puede armonizar y equilibrar todo ambiente donde participa.

Si bien, comprendemos la complementariedad de hombre y mujer, hoy nos detenemos a valorar y recordar que en las comunidades eclesiales, en la familia, en la educación y en otros ambientes, la mujer tiene la posibilidad de irradiar con su ser los principios de la Doctrina Social de la Iglesia: propiciando la solidaridad al sensibilizarse con la necesidad del otro, viviendo la subsidiaridad, siendo soporte desde el amor cuando su prójimo vive momentos de “incapacidad”, promoviendo la participación cuando, sensible a las necesidades del entorno, invita con su ejemplo a ser parte del esfuerzo por un fin noble, trabajado en comunión, en armonía y por el bien común de todos.

La mujer, con su don maternal tanto físico como espiritual, tiene la posibilidad de velar por la dignidad humana desde los detalles más pequeños hasta en las situaciones mas complejas. Hay tantos momentos en que un sencillo gesto de ternura, una mirada o una sonrisa, transforman un ambiente hostil hacia el amor, hacia la aceptación, hacia la comunión, y la mujer puede ser luz que ilumine y refresque un ambiente acalorado.

Cuán importante también, que recuerde cultivar su vínculo con Dios a cada paso, para que al llenarse su corazón de Él, todas sus expresiones y gestos hablen de ese Dios de amor que ama al mundo, que quiere hacerse presente y quiere estar para todos.

La dimensión social de la fe, a fin de abonar al orden de la vida social, nos invita a vivir cuatro valores fundamentales: caridad, verdad, justicia y libertad; valores que están intrínsecamente relacionados al corazón de la mujer, que están en su esencia como búsqueda y experiencia.

Pidamos a Dios que toda mujer se sienta parte fundamental en la construcción de la cultura del amor, apoyada en la DSI, y que inspirada en María, la llena de gracia, otorgue su Fiat a esta misión, consciente que la gracia de Dios le acompaña y le basta para todo lo que Él le pida. «Si conocieras el don de Dios» (Jn 4, 10).

@arquimedios_gdl

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