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Desde el Corazón

Lupita Venegas
Psicóloga

En torno al Día Internacional de la Mujer surgen diversas posturas de reconocimiento para ellas.
Muchos hablan de los logros en cuanto a igualdad de oportunidades, otros las consideran superiores al varón. Surgen voces que se unen para reclamar por años de injusticias; hay aliento y desencanto para quienes han combatido la trata de blancas. Algunas celebran que pueden abortar, otras que pueden ser madres.

SOMOS PASIÓN
A mí, en particular, la fecha me hace reflexionar acerca de la maravilla de ser mujer y aportar al mundo inspiración.

La mujer se realiza cuando ama. Ella es feliz en su trabajo porque ama lo que hace; se siente plena en el hogar porque se entrega a los suyos; se apasiona en su aporte científico, artístico, social y solidario porque hace una donación de sí misma a la humanidad. Ella se siente realizada cuando se ama genuinamente a sí misma.

Y si son cristianas, dan este orden a los sujetos de su amor: primero Dios, enseguida los suyos y también el amor propio, el saberse con valor y dignidad extraordinarios, reconociéndose hijas amadas de Dios.
En la visión cristiana, afirmamos que lo definitorio de la mujer es la maternidad entendida como don de sí misma, maternidad física y/o espiritual. Juan Pablo II afirma: “La mujer no puede encontrarse a sí misma si no es dando amor a los demás”.

LA MUJER EDIFICA
Carmen Álvarez Alonso, doctora en Teología Dogmática, explica que en el Génesis se usan diferentes palabras
cuando se habla de la creación del hombre y la mujer. Para hombre se usa “bará”, que es propiamente crear, y para la mujer se usa “banah”, que se refiere a construir. En las Sagradas Escrituras se habla de construir (banah) el templo, la tienda, la estirpe humana, la casa de David, la casa de Jacob, etc. Podemos inferir de esto que Dios construye el edificio de la humanidad en Eva. Dios quiere, piensa y ama a la mujer como casa, como hogar. En la mujer se construye el edificio humano. Es ella el primer hogar del hombre.

NUESTRA ESENCIA, DAR VIDA

La esencia maternal de la mujer es la que la hace fecunda, con hijos propios o con obras que trascienden.

Una mujer que tiene hijos comprende su vocación maternal que la lleva a formar sus corazones para amar y sus mentes para edificar. Cuando ella renuncia a los hijos por entregarse a Dios en la vida consagrada, se hace madre de la humanidad y la ilumina con su oración, con sus obras de caridad, con su maternal orientación y cuidado para quienes sufren. Algunas no tienen hijos por muy diferentes motivos, y sin embargo, son luz y bendición para quienes las rodean. Ellas aman, se entregan a los suyos, a su propia misión que las lleva más allá de sí mismas.

En María encontramos inspiración, comprensión y aliento. Ella es Madre amantísima y a Ella encomendamos nuestros corazones y los de quienes amamos.

Algunas mujeres escriben poesía, pero todas, ¡son el poema!
¡Feliz Día Internacional de la Mujer!


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