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PBRO. JOSÉ ANTONIO LARIOS SUÁREZ
SECCIÓN DIOCESANA DE PASTORAL DE EDUCACIÓN Y CULTURA

Al suscitarse las luchas sociales y emancipadoras que marcaron las primeras décadas del siglo XIX, la participación de Nuestra Señora de Zapopan en la consumación de la Independencia y en el nacimiento del Estado Libre y Soberano de Jalisco no se hizo esperar, tanto el ejército insurgente como el primer congreso de Jalisco ofrecieron a Nuestra Señora de Zapopan, por manos del Obispo Juan Cruz Ruiz de Cabañas, dos nuevos títulos: Generala de armas del ejército insurgente de la Nueva Galicia (13 de junio de 1821) y Protectora Universal del Libre y Soberano Estado de Jalisco (16 de junio de 1823).

Desde 1820 el General Pedro Celestino Negrete, apoyado por Antonio Basilio Gutiérrez de Ulloa y otros militares, secundaron el plan de Iturbide para consumar la Independencia, la intendencia de Guadalajara se adhirió al Plan de Iguala, el ejército y el clero apoyaron dicho plan, logrando incluso la aprobación, ayuda política y económica del Obispo Juan Ruíz de Cabañas. El 11 de junio de 1821, en una casa del centro de Tlaquepaque, se llegó a los acuerdos finales, lográndose así la independencia del Reino de la Nueva Galicia, respecto de la corona de España.
La Independencia se logró sin disparar ni una sola bala y sin derramar una sola gota de sangre, ésta fue el resultado de tratos y acuerdos pacíficos.

Inmediatamente trasladaron las tropas a la recién construida Casa de la Misericordia (hoy Instituto Cultural Cabañas), que funcionaba como cuartel, y dieron aviso a las autoridades de la Diputación Provincial y al Ayuntamiento tapatío de la firma del documento que nos proclamaba independientes. Toda la ciudad aceptó de buena gana la adhesión al Plan propuesto por Iturbide. El Gobernador José de la Cruz, que había estado renuente a dicha adhesión, salió de la ciudad rumbo a Zacatecas, y luego a la Ciudad de México.

NUESTRA SEÑORA DE ZAPOPAN, GENERALA DE ARMAS DEL EJÉRCITO INSURGENTE DE LA NUEVA GALICIA
No es de extrañar que los insurgentes de la Nueva Galicia, Andrés Quintanar y Pedro Celestino Negrete, decidieran declarar la independencia regional justo el día en que la Virgen entraba a Guadalajara para sus visitas, el 13 de junio, día feriado, con asistencia de gente venida de todas partes para participar en la procesión de la Virgen. En el recibimiento de la Imagen a la ciudad no solo se congregaba la feligresía de todos los estratos sociales, sino también las autoridades civiles y eclesiásticas.
Con esta coyuntura, los insurgentes, no sólo lograron la mayor publicidad, sino la toma pacífica de la guarnición de Guadalajara.

La intendencia de Guadalajara pidió entonces al ejército que proclame a Nuestra Señora como Generala de armas del ejército insurgente, el ejército accedió y el 13 de junio de 1821, con la anuencia del Obispo Juan Ruíz de Cabañas, se le otorgó a la Virgen este título, la celebración se efectuó hasta el 15 de septiembre en la Catedral de Guadalajara, colocándosele a la antigua Imagen los emblemas propios de su rango, la banda militar de cordones y borlas y el bastón de mando.

A partir de entonces, y hasta la guerra de Reforma, la entrada y salida de la imagen de la Virgen a Guadalajara era saludada por los 21 cañonazos de honor, en tanto una banda militar acompañaba sus procesiones, saludándola con salvas de artillería.
NUESTRA SEÑORA DE ZAPOPAN, PROTECTORA UNIVERSAL DEL LIBRE Y SOBERANO ESTADO DE JALISCO
Consolidada la Independencia y el surgimiento del Estado Libre y Soberano de Jalisco, exigía también, desde lo civil y en las circunstancias de aquellos años, el apoyo y el aval de la Iglesia, al igual que de la participación de los símbolos religiosos, vistos como emblemas de las mejores causas y con la suficiente capacidad para mover, motivar y robustecer procesos.

Por esta razón, sin mayor discusión, los integrantes de los tres poderes en el primer gobierno de Jalisco solicitaron, también al Obispo Cabañas, la declaración de Nuestra Señora de Zapopan, como patrona universal del Estado de Jalisco.
Fue el 16 de junio de 1823 que oficialmente nació el Estado Libre y Soberano de Jalisco, los diputados del primer congreso estatal, decidieron de inmediato el nombramiento de la Virgen de Zapopan como “Protectora Universal del Estado Libre de Jalisco”
.

Involucrar un símbolo religioso tan emblemático y aquilatado como era esta Imagen de la Virgen, era dar a la independencia regional garantía y respaldo, así como reconocimiento por haberse alcanzado la anhelada autonomía sin derramamiento de sangre como, por desgracia, había venido ocurriendo en otras partes de la todavía Nueva España.
Declarar a Jalisco como estado libre era un elevado propósito y un compromiso de todos los jaliscienses. No podíamos permitir que una trayectoria de trescientos años quedará sumergida y discriminada ante un proceso (el centralismo) que buscaba borrar nuestras propias trayectorias para imponer una visión uniformadora, acción que traicionaba la legítima unidad, pues descartaba la diversidad propia de todos cuantos integramos México.
Jalisco defendió el federalismo, defendió la unidad de nuestro estado, sus orígenes y su historia, y para mejor fortalecer su propósito, nuestra primera legislatura, puso a Nuestra Señora de Zapopan, como protectora de este Estado.

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