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PBRO. ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Con frecuencia se nos olvida que en el mismo siglo en que se evangelizaba a los pueblos americanos, se intentaba también hacerlo con los pueblos del extremo oriente desde tres espacios geográficos importantes: India, China y Japón, con resultados muy distintos.
Esta diversidad de frutos se debía básicamente a que los países referidos se hallaban en una situación política, económica y cultural muy distinta a la de los pueblos americanos; en el siglo XVI China era el país más civilizado del planeta Tierra, y su estructura imperial resultaba simplemente impermeable a cualquier influencia extranjera, pacífica o agresiva. Ni Hernán Cortés ni Francisco Pizarro habrían podido hacer allá lo que aquí lograron sin mayores problemas.
En efecto, a América los europeos llegaron y se establecieron por todas partes fundando ciudades, villas, ranchos y haciendas. En China, Japón e India con muchas condiciones apenas les permitieron establecerse en tres pequeñas colonias amuralladas: Goa, Macao y Nagasaki, y con una única finalidad, el comercio; pensar en que el emperador de China se dignara recibir una embajada de España o de Portugal, fue un asunto que tardó siglos en ocurrir. Los misioneros llegados a aquellas lejanas latitudes pronto se dieron cuenta del cúmulo de dificultades que enfrentaban, y hay que advertir el extraordinario despliegue de creatividad y de esfuerzos que desarrollaron para realizar su obra evangelizadora, particularmente los jesuitas, sin duda los más destacados en aquellos lugares.

En algún momento hubo quienes sugirieran a Felipe II emprender una guerra de conquista en China, pero analizadas todas las posibilidades, la idea fue por completo abandonada.

La entrada del Evangelio seguiría los caminos de los primeros tiempos, el debate de las ideas religiosas, la apología de la fe ante la intelectualidad china, y la conversión paulatina de la gente. Luego de quinientos años de misiones, los porcentajes cristianos en India, China y Japón, son del 2.3%, 6.8% y 1.0% respectivamente.
En América no existía ninguna estructura político militar comparable con China, India o Japón, en estas naciones el concepto de estado territorial estaba más que asumido, lo cual no sucedía entre nosotros, y aunque se habían desarrollado importantes civilizaciones como la quechua, la maya o la teotihuacana, su momento de mayor esplendor ya había pasado, dejando estelas de ciudades estado en constantes luchas hegemónicas, y con un desarrollo tecnológico militar muy inferior al europeo o al chino, este hecho favoreció el que se trasplantaran a nuestro continente todas las estructuras europeas con apenas resistencia, quedando los pueblos indígenas como las nuevas periferias de la cultura dominante, a la que paulatinamente se fueron asimilando.
Este hecho no demerita el esfuerzo de los misioneros, pues a ellos les tocó el trabajo duro de desarrollar una evangelización en condiciones de dominio europeo con todos los beneficios y con todos los inconvenientes que ello supuso, a ellos les tocó el trato diario y directo con la gente, con su problemática y las secuelas de la invasión que vivían.

armando.gon@univa.mx

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