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Juan López Vergara

El Evangelio, que nuestra Madre Iglesia dispone para hoy en la Eucaristía, presenta un sumario inicial del ministerio del Señor, que determina el esquema de la obra marcana en el que palpita el Misterio del Reino de Dios, que es Jesús mismo, y la narración de la vocación de los primeros discípulos, cuyo núcleo radica en el “seguimiento” de Jesús (Mc 1, 14-20).

“SE HA CUMPLIDO EL TIEMPO”
Después de la detención del Bautista, Jesús se fue a Galilea y comenzó a proclamar el Evangelio de Dios (véase v. 14), revelando que:

“Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Conviértanse y crean en el Evangelio” (v. 15).

Marcos esboza en dos líneas el núcleo del mensaje: “Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca”. Esto supone una continuidad que enlaza las etapas del designio divino que culmina con el arribo de Jesús inaugurando la era mesiánica, “al llegar la plenitud de los tiempos envió Dios a su Hijo” (Ga 4, 4).

“VENGAN TRAS DE MÍ”
El evangelista, enseguida del sumario, muestra la vocación de los primeros discípulos: Simón y su hermano Andrés (véase v. 16). Ellos son presentados como ejemplo de conversión, de adhesión activa al llamado de Jesús, quien les dijo: “Síganme y haré de ustedes pescadores de hombres. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron” (vv. 17-18).
El llamado de Jesús contrasta con el de los rabinos de la época que no iban en busca de discípulos, sino que eran éstos quienes buscaban al maestro. En las escuelas rabínicas, además, la doctrina ocupaba el primer puesto; en el seguimiento evangélico, en cambio, el hecho esencial radica en la propia Persona de Jesús.

“NIÉGUESE A SÍ MISMO, TOME SU CRUZ Y SÍGAME”
En el texto griego literalmente leemos que el Señor dice: “Vengan tras de mí” (v. 17); esta expresión entraña una invitación a participar de su destino: desprendiéndonos de todo (compárense v. 18 y 20 con Mc 10, 21); dispuestos hasta el sufrimiento y la cruz, “llamando a la gente a la vez que a sus discípulos, les dijo: ‘Si alguno quiere venir tras de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame’” (Mc 8, 34).
Muy apreciables lectores, para actualizar la Palabra de Dios, ofrecida el día de hoy, los exhorto a que
meditemos en la invitación de Jesús: “Conviértanse y crean en el Evangelio” (v. 15b). Esta invitación implica la aceptación libre y gozosa de la Buena Nueva, que nos permite participar del Reino divino que se hace presente en Jesús. Es por eso que Orígenes se refiere a Él como ‘autobasileia’, ya que en el Misterio de la Persona de Jesús se encarna el proyecto de Dios:

“Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí” (Jn 14, 6).

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