upc4

Su experiencia fundante de salvación y el compromiso evangelizador

PBRO. JOSÉ ANTONIO LARIOS SUÁREZ.

SECCIÓN DIOCESANA DE PASTORAL DE EDUCACIÓN Y CULTURA.

Una vez que nos hemos dado cuenta que nuestra Iglesia diocesana tuvo su origen al hacerse presente en el occidente de México Fray Antonio de Segovia con la imagen de Nuestra Señora de Zapopan a su pecho, para iniciar la obra evangelizadora, nos daremos cuenta que apenas una década después de ese origen, nuestra comunidad vivió su propia pascua, su hecho fundante de salvación, la experiencia de ser salvados por Dios a través de su Iglesia y con la mediación de la Virgen María.
La salvación experimentada, no fue a manera de promesa, de futuro, fue en su aquí y ahora, en las coordenadas de espacio y tiempo que les tocaba vivir, en su realidad temporal más apremiante, fueron liberados de la muerte, del exterminio, salvaron su vida, su raza y comenzaron a experimentar una vida digna con la garantía de que el fraile misionero velaría porque esta vida digna fuera real y permanente, con estructuras que hicieran posible esta realidad.
En el año de 1540 las diversas tribus indígenas del norte de Nayarit y del sur de Zacatecas se rebelaron contra el dominio hispano. Fue una rebelión cruel y despiadada, encabezada por los cazcanes, indígenas muy belicosos y valientes, al paso de los meses se convirtió en el levantamiento indígena más poderoso al que se hayan enfrentado los españoles en América, se le llamó la guerra del Mixtón.

Dos años antes el levantamiento arrasó la presencia española sin distinguir frailes o encomenderos; recorriendo como una inmensa marejada toda la zona serrana de Nayarit, irrumpió en Jalisco por el rumbo de la Magdalena y recorrió toda la región con ánimo de contagiar sus ideales a los caciques del valle de Atemajac y Zapotlán. Fracasado el primer intento, se unió a la sublevación cazcana, sitiando a la empresa española desde el altiplano del Mixtón, frente al pueblo de Apozol, Zacatecas.

Fray Antonio de Segovia, como auténtico pastor, andaba sublevado, sin partido por indígenas o españoles, sino a favor de un futuro prometedor para todos. Con profundo sentido de la realidad y con un discernimiento pastoral, el misionero se concientizó que estas luchas sólo serían en detrimento de los pueblos indígenas, concediendo a España razones para esclavizar a los sobrevivientes del combate. De un lado a otro anduvo el fraile con el crucifijo y la Virgen, apaciguando ánimos, negociando la paz, asegurándose la preservación de las razas de estas tierras.

Las crónicas nos cuentan que cuando el virrey Antonio de Mendoza sitió el cerro del Mixtón y después de una fuerte batalla, subió Fray Antonio de Segovia a las fortalezas de los indígenas acompañado de Fray Miguel de Bolonia, llevando un crucifijo y la pequeña imagen de Nuestra Señora al pecho; les comenzó a decir a los indígenas que bajasen en paz, muchos indígenas comenzaron a ceder, aunque otros se resistieron hasta el final. En día y medio se pacificaron más de seis mil indígenas, que fueron conducidos por los padres hasta el campamento del virrey Mendoza en Juchipila, éste por la mediación de Fray Antonio se comprometió a respetar la vida, libertad, propiedades de tierra y gobierno autónomo de los indígenas.

¿Qué garantía había para dar a estos belicosos indígenas, de que la paz jurad por España y todos los ofrecimientos antes mencionados serían cumplidos?
La garantía política eran papeles, pergaminos solemnes, derechos y títulos apenas inteligibles.
La garantía real se las dio Fray Antonio al entregarles la imagen de la Virgen, el padre Segovia les donó la imagen de la Virgen, muy probablemente a inicios de 1542.

Después de esta experiencia fundante de salvación de la cual la imagen de la Virgen quedó como testimonio a perpetuidad, inició el compromiso de los salvados de hacer una comunidad fuerte.
Posterior a la pascua viene la alianza, el compromiso con el buen Dios que los salvó.
La alianza con ese Dios Salvador, de nosotros ser su pueblo y Él ser nuestro Dios, se concretizará a lo largo de los siglos en el compromiso evangelizador de tantos cristianos que han hecho de la diócesis de Guadalajara una Iglesia pujante, fructífera, de la cual ahora disfrutamos, esperamos no pasivamente, sino trabajando con la herencia recibida, ojalá no malbaratando la herencia sino multiplicándola, no conservándola solamente sino acrecentándola, no viviendo de rentas, sino produciendo el fruto aquí y ahora.

Será necesario al haber celebrado 475 años de nuestra Iglesia diocesana, hacer una evaluación realista delante de Dios si hemos sido responsables, trabajadores y creativos con la herencia recibida que nada nos costó o si hemos sido negligentes y opacos en la administración de la gran riqueza que tiene nuestra Iglesia.

Necesario será cuestionarnos también si somos conscientes de nuestro origen y nuestra pascua, de nuestra identidad más profunda o si somos de los que planean y proyectan la acción pastoral partiendo de nosotros mismos, de nuestro presente solamente, como si con nosotros hubiera iniciado este proyecto de la Iglesia.
Un reactivo iluminador para evaluar lo anterior sería tan solo preguntarnos, qué tanto nos involucramos todos los que formamos la diócesis en la pasada celebración de los 475 años de la Iglesia de Guadalajara, de manera especial, los que estamos llamados a encabezar, promover, animar y difundir.

@arquimedios_gdl

TE INVITAMOS A FORMAR PARTE DE LOS

Comunicadores Parroquiales

Los cuales promueven la Pastoral de la Comunicación en sus Parroquias

Dirección

"En la Iglesia tenemos urgente necesidad de una comunicación que inflame los corazones, sea bálsamo en las heridas e ilumine el camino de nuestros hermanos y hermanas"

Papa Francisco

Copyright @2023 – Todos los Derechos Reservados.