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IGNACIO ROMÁN MORALES

Platón decía que la economía es el arte que nos libra de la pobreza.
La cuestión siguiente es, ¿cómo librarnos de la pobreza? En la búsqueda de respuestas lógicas y congruentes, podríamos responder sencillamente: generando riqueza (Platón agregaría que repartiéndola equitativamente).
Sin embargo, en muy diversas tradiciones, como la griega, la riqueza procede esencialmente de la naturaleza.
Esta perspectiva se expresa en visiones tan distintas como la marxista y la católica. En la primera se considera a la naturaleza y al trabajo como la madre y el padre de la riqueza. En la misma liturgia católica se bendice al pan como fruto de la tierra y del trabajo del hombre.
El caso es que, según los griegos, no basta con disponer de riqueza para librarnos de la pobreza, se necesita que aprovechemos realmente esa riqueza para satisfacer nuestras necesidades.
Necesitamos, entonces, transformarla en lo que ahora llamaríamos bienes y servicios, es decir, en productos que nos produzcan un bien o en actividades que nos sirvan de algo. Eso es lo que, teóricamente, mide el famoso Producto Interno Bruto (PIB).

Generalmente, esperamos que cada vez produzcamos más PIB. Si todo el tiempo estamos consumiendo
agua potable, electricidad, alimentos, ropa o gasolina, suena lógico que todo el tiempo sigamos
produciendo estos bienes, para que de la llave siga saliendo agua o para que con los combustibles se
puedan transportar las mercancías o nosotros mismos, o para que se puedan cocinar los alimentos.

Si, además, vive en situación de pobreza una gran parte del mundo, se requeriría producir más para que se libre de esa pobreza. Si somos cada vez más habitantes, se necesita incrementar aún más la roducción. Entonces, los economistas, financieros, empresarios y políticos, normalmente, buscan cómo ampliar la producción en la mayor medida posible.
Por el contrario, diversos movimientos y pensamientos ecologistas ponen el dedo en la llaga. ¿Cómo crecer al infinito cuando el planeta es fi nito? El agua, el petróleo o la tierra cultivable son limitados y a las riquezas naturales las estamos continuamente degradando, o nos las estamos acabando.
Por crecer ahora, destruimos nuestra capacidad de sobrevivir en el largo plazo. ¿Es posible seguir creciendo permanentemente y generando grandes fortunas?

Paradójicamente, la respuesta es sí. Aunque todas las riquezas necesarias para vivir son limitadas,
y se están acabando o degradando, los números son infinitos y las ganancias financieras, especulativas
o comerciales sí pueden crecer al infinito, al medirlas en dinero. El único “pequeño problema” es que
ese crecimiento implica que un puñado de grandes ganadores se apropien de partes cada vez mayores
de toda la riqueza de que dispone el planeta y de los bienes y servicios que produce toda la humanidad.

Sin embargo, esas posibilidades de crecimiento también se están “desconchinflando”. Se supone que necesitamos crecer, pero el crecimiento mundial tiende a reducirse en el largo plazo, con excepción de algunos gigantes económicos, especialmente China. En el corto plazo, sobre todo a partir de la pandemia del coronavirus y de la guerra de Ucrania, prácticamente todo el mundo sufre para mantener sus niveles
de producción.
CAÍDA DE LA ECONOMÍA
La pandemia generó una crisis sin precedentes en casi un siglo a nivel mundial. El PIB no solo redujo su crecimiento, sino que se derrumbó. La economía global cayó 6.6% en promedio en el 2020 y México cayó aún más, en 8.2%. Para cuando termine el 2022, el PIB mexicano será todavía menor al del 2018 y, dividido entre el número de habitantes, el PIB per cápita seguirá siendo inferior al del 2018, inclusive
hasta el 2025.
En ese contexto, resulta aún más grave la perspectiva de que —otra vez— vuelva a caer la producción global. Cuando la actividad económica de un país se reduce dos trimestres consecutivos con respecto a los mismos trimestres del año anterior, a eso se le llama recesión.
Estados Unidos está apenas por encima de la rayita de la recesión y México depende, como ningún otro país, de la evolución de nuestros vecinos del Norte. “Para acabarla de amolar”, en este caso, el freno a la producción viene acompañado de un inédito proceso de inflación. Esto no lo habíamos visto desde hace cincuenta años, en los setenta.

¿Qué significa un panorama así de grave? Menos empleos, menos productos y más caros, mayor concentración de la riqueza, mayor pobreza, etc., ¿hay “de otra sopa”?

Si recuperamos la idea de Platón, y de miles de pensadores a lo largo de la historia, incluyendo economistas menospreciados, el librarnos de la pobreza no depende solo de producir más
riqueza o bienes y servicios, sino de repartir de manera más equitativa las riquezas que tenemos como planeta, el capital de las empresas y el patrimonio de los hogares.
Esto incluye el aseguramiento de riquezas suficientes para las generaciones futuras. Si solo se le apuesta al crecimiento, el porvenir de nosotros como especie es extremadamente pesimista.
Si, en cambio, nos pensamos como comunidad, podíamos construir una vida digna y perdurable.

@arquimedios_gdl

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