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Pbro. Adrián Ramos Ruelas

Las comunidades religiosas han dado grandes frutos de santidad. Muchos jóvenes hoy vacilan sobre una vocación así, porque no conocen los grandes frutos de seguir a Cristo de cerca, consagrándole por entero su vida. De la familia pasionista contamos con grandes santos, entre ellos san Gabriel de la Dolorosa y su fundador, san Pablo de la Cruz.

SAN GABRIEL DE LA DOLOROSA
Nació en Asís, el 1 de marzo de 1838, en una familia acomodada; fue el undécimo de trece hermanos. Murió su madre cuando él tenía cuatro años. Siendo adolescente tenía un óptimo rendimiento escolar; amaba la diversión, frecuentaba salones de baile y disfrutaba las funciones de teatro. La muerte de su hermana María Luisa le marcó profundamente y, considerando la inconsistencia de las alegrías humanas, se planteó la posibilidad de la vida religiosa. En 1856, durante una procesión, escuchó con claridad que la imagen de María Santísima le dirigía unas palabras: “Francisco, esta vida no es para ti”. Quince días después, contando con 18 años de edad, se dirigió a Morrovalle para entrar con los pasionistas. Profesó los votos religiosos, perfeccionó sus estudios, multiplicó sus ejercicios ascéticos y aumentó su devoción a la Madre de Dios sin descuidar a los pobres. En 1858, preparando su Ordenación, su salud se vio afectada por la tuberculosis y murió el 27 de febrero de 1862, a los 24 años de edad, apretando hacia su corazón la Imagen de Cristo crucificado.

San Pablo de la Cruz estaba convencido que la vocación pasionista es un camino hacia la santidad; aconsejaba a sus religiosos la oración y la meditación de los misterios de la Pasión de Cristo, el medio más certero para desterrar la maldad y encaminarse a la cristiana perfección.
La identidad pasionista consiste en tener impresa en el corazón la memoria del amor misericordioso de Dios Padre, revelado en los misterios de la Vida, Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. Dos jóvenes santos destacan de esta gran familia:

SANTA GEMA GALGANI
Esta joven nació en 1878, cerca de Lucca, en la Toscana. se vio afectada por el sufrimiento desde temprana edad: tan sólo tenía siete años cuando murió su madre; tiempo después, murieron su hermano Gino y su padre. Su existencia estuvo marcada por la enfermedad: osteítis en las vértebras lumbares y otitis mastoidea. A causa de una parálisis, estuvo en cama durante varios meses; durante este tiempo, leyó la biografía de san Gabriel de la Dolorosa, cuya vida le impresionó bastante. El 8 de junio de 1899 recibió los estigmas. Murió el Sábado Santo, 11 de abril de 1903, en Lucca. Fue canonizada por Pío XII, en 1940.

¿QUÉ PODEMOS APRENDER DE ELLOS?

  1. La contemplación de Jesús crucificado como fuente de su espiritualidad.
  2. El ofrecimiento fructuoso de sus sufrimientos.
  3. Su generosa respuesta al consagrar su vida a Dios.

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