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SERGIO PADILLA MORENO

Hace unos días se estrenó en Netflix la película La sociedad de la nieve, basada en el libro homónimo del escritor y periodista uruguayo Pablo Vierci, que se suma a varias historias, recuerdos y reflexiones que narran la historia de los muertos y sobrevivientes del accidente que sufrió, el viernes 13 de octubre de 1972, el avión que trasladaba un equipo de rugby uruguayo que se dirigía a Santiago de Chile. El vuelo despegó con 40 pasajeros y 5 tripulantes, pero el avión se estrelló en algún lugar de la cordillera de los Andes a casi cuatro mil metros de altura.
El 12 de diciembre ya habían pasado casi dos meses del accidente, que en principio había dejado con vida a treinta y tres personas, pero para ese día ya habían muerto, por diversas causas, diecisiete personas y quedaban solamente dieciséis sobrevivientes. Fue así que Nando Parrado y Roberto Jorge Canessa, sin tener claridad de qué tan lejos estaban de cualquier rastro de civilización, sin tener el entrenamiento adecuado y sin la ropa apropiada para enfrentar el frío extremo de las montañas, iniciaron ese día un camino incierto que llevaría nueve días después a encontrarse providencialmente con el arriero chileno Sergio Catalán, quien avisó a las autoridades y se iniciaron las labores de rescate, las cuales concluyeron el 23 de diciembre, día en que el mundo comenzó a conocer toda la historia.

Desgraciadamente, no fue poco el morbo que centró la noticia en el hecho de que los sobrevivientes, al paso del tiempo y con la falta de alimentos, recurrieron a comer la carne humana de los cadáveres que tenían a la mano. En un capítulo del libro De aquí a Aquí, el jesuita Javier Melloni, que se titula Experiencia de comunión en una situación límite, reflexiona en torno a esta historia: “Cuando fueron rescatados, en una conferencia pública ante sus familiares y amigos, pero también ante la prensa y ante muchos curiosos y desconocidos, antes de que nadie les preguntara sobre cómo habían conseguido sobrevivir setenta y dos días sin provisiones, uno de ellos dijo: «Nuestros compañeros muertos dieron su cuerpo como alimento, como Jesús». En el límite entre lo más sórdido de la antropofagia y lo más sublime del sacrificio recorrieron aquellos setenta y dos días. En ese contexto experimentaron el aislamiento en las montañas andinas, así como múltiples formas de solidaridad y fraternidad entre ellos”.

Hay una escena muy conmovedora (comienza en el minuto 1:15:00) cuando Arturo Nogueira -quien finalmente no sobrevivió- hace una confesión de fe muy bella y profunda, pues habla del testimonio de un hombre que supo contemplar la presencia de Dios en las sombrías circunstancias que estaba viviendo. Minutos antes, al momento de replantear la necesidad de hacer hasta lo impensable para sobrevivir, se escucha una voz en off : “acá lo único que nos queda es la vida y la tenemos que defender por encima de todo”, lo que recuerda lo dicho por san Ireneo: “La gloria de Dios es que el ser humano viva”.

El autor es académico del ITESO,
Universidad Jesuita de Guadalajara –

padilla@iteso.mx
El Milagro de Los Andes: la historia contada por sus protagonistas
https://www.youtube.com/watch?v=3jOCxPEuWEA

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