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Sergio Padilla Moreno

Volvemos a recordar que este año se celebrará el centenario de la muerte de Giacomo Puccini (1858-1924), destacado compositor italiano conocido por su contribución al género operístico y quien fuera el creador de una decena de obras, muchas de las cuales son las favoritas por los amantes del género y son frecuentemente programadas en los más importantes teatros del mundo.
En vistas a preparar el mejor homenaje que le podemos hacer a Puccini, es decir, conocer y apreciar su obra, hablemos en esta ocasión de Madama Butterfly, ópera cuya primera versión en dos actos se estrenó en la Scala de Milán, el 17 de febrero de 1904, aunque la versión de tres actos, que es como suele ser representada más a menudo, fue estrenada hasta 1907. Esta ópera es una de las más representadas y grabadas del repertorio de todos los tiempos, hecho comprensible cuando de manera magistral constatamos el talento musical de Puccini al exponer los entresijos de un argumento profundamente dramático que lograron articular los libretistas italianos Giuseppe Giacosa y Luigi Illica. La fuerza dramática de esta ópera expone la perversidad de corazón de Pinkerton (tenor), teniente de la marina de los EE. UU, quien se burla de la inocencia y amor sincero de la geisha Cio-Cio-San (soprano) al ilusionarla con un matrimonio arreglado con un casamentero. Después de tres años de espera de su esposo, quien había regresado a Estados Unidos, la joven japonesa –quien ya había procreado un hijo con Pinkerton– descubre la verdad del terrible engaño al que fue sometida y decide quitarse la vida, no sin antes exclamar: “¡Con honor muere, quien no puede conservar la vida con honor!”.

En esta obra se aplica muy bien el principio de la catarsis que menciona Aristóteles en su Poética, concepto que se refiere a la purificación o purga emocional que experimenta el espectador al presenciar una tragedia, un drama o también una comedia. La catarsis ocurre cuando el público experimenta estas emociones de manera intensa y, al mismo tiempo, se produce una liberación o purificación de esas emociones. Aristóteles argumenta que esta purificación emocional es beneficiosa para el individuo, ya que le permite enfrentar y comprender mejor sus propias emociones y conflictos internos. En este caso es como si la ópera actuara como un medio que ayuda al espectador a reconocer y comprender sus propias pasiones. Sin duda que, en principio, nos podemos indignar con la terrible deshonestidad y manipulación de Pinkerton frente a la inocencia de la joven Cio-Cio-San, pero la clave es ver qué tanto tenemos las actitudes de este personaje, quien ciertamente reconoce el terrible daño que le hizo a la pequeña mariposa japonesa y exclama: “¡No puedo soportar su desolación! ¡Huyo, huyo! ¡Soy un cobarde!”
Todos estos elementos dramáticos son magistralmente musicalizados por el genio de Giacomo Puccini, quien a través de una muy rica paleta orquestal, así como la caracterización y desarrollo de las voces de los cantantes, nos introduce en el desarrollo dramático de una las óperas más bellas de la historia.

padilla@iteso.mx

MADAMA BUTTERFLY | Conferencia Ramon GenerLes Arts, València
https://www.youtube.com/watch?v=noaYFWdRkKg

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