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Fabián Acosta Rico
UNIVA

La hipersexualización de la cultura moderna, especialmente en sociedades occidentales, plantea desafíos significativos en la protección de los niños contra la exposición a contenidos sexuales en línea.
Aunque la libertad sexual es ahora una norma social aceptada, es crucial considerar cómo esta exposición afecta a los menores en su desarrollo. La actual sobreexposición sexual se observa en la facilidad con la que accedemos a la pornografía en línea. México, en particular, se encuentra entre los países con un alto consumo de pornografía en línea, según estadísticas de PornHub.
La preocupación recae en cómo esta facilidad de acceso afecta a los menores. La exposición a contenidos eróticos y pornográficos se ha normalizado, y quienes expresan inquietudes son a menudo tachados de moralistas. Surge la necesidad urgente de fiscalizar la navegación de los menores para evitar que accedan a contenidos inapropiados.

Aunque las estadísticas confirman que muchos mexicanos consumen pornografía de manera recurrente, la pregunta crítica es: ¿qué tanto les preocupa a los adultos, que son consumidores frecuentes, que los menores bajo su cuidado hagan lo mismo? La conciencia sobre los riesgos de la exposición temprana a la pornografía y la importancia de establecer límites para proteger la salud mental de los menores es esencial.

La adolescencia, marcada por la curiosidad natural y los cambios biológicos, es una etapa crucial. La exposición a contenidos explícitos desencadena la liberación de dopamina, neurotransmisor relacionado con la felicidad, creando una sensación de placer. Sin embargo, el aumento de dopamina bloquea la corteza prefrontal del cerebro, encargada del pensamiento racional y la toma de decisiones.

La inmadurez cerebral durante la adolescencia hace que los jóvenes sean susceptibles a habituarse a la pornografía como una forma fácil y pasiva de liberación de dopamina. Esta falta de mesura puede llevar al menor a engancharse de manera irracional, convirtiendo la experiencia en un vicio difícil de abandonar. Con el tiempo, esto podría impulsar al adolescente a querer iniciarse sexualmente de manera temprana o exponerse a prácticas sexuales de riesgo.

La trivialización y normalización de la exposición a contenidos eróticos y pornográficos son evidentes, y quienes intentan señalar y alertar sobre estos problemas son etiquetados como moralistas. En este contexto, es crucial promover la conciencia sobre los riesgos asociados con la exposición temprana a la pornografía y la importancia de establecer límites adecuados para proteger la salud mental y emocional de los menores.
La sociedad mexicana debe superar su doble moral y reconocer la necesidad de abordar la exposición de los menores a contenidos pornográficos en línea de manera más activa. La cuestión no sólo recae en la censura excesiva, sino en educar a los padres, maestros y cuidadores sobre cómo supervisar y guiar la navegación en Internet de los niños.
La urgencia de proteger a los niños de los contenidos sexuales en línea es evidente, y la responsabilidad es de toda la sociedad. La trivialización de la pornografía y la falta de conciencia sobre sus impactos en el desarrollo de los niños pueden tener consecuencias a largo plazo en la salud mental y emocional de las generaciones futuras.
En resumen, la hipersexualización de la cultura y la fácil accesibilidad a la pornografía en línea plantean desafíos significativos, especialmente en la protección de los niños.

La conciencia, la educación y la supervisión activa son clave para abordar este problema y garantizar un entorno en línea seguro y saludable para las generaciones venideras.

@arquimedios_gdl

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