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JOSÉ DE JESÚS PARADA TOVAR

Ni duda cabe que instituciones como el INEGI o la CONAPO, entre otras, trabajan con seriedad y con
elementos tecnológicos avanzados el registro y evolución de la masa poblacional en el país, echando mano de elementos científicos que ayudan, no únicamente a la cuantificación, sino también al cálculo, al pronóstico más o menos predecible.
Y uno de los segmentos de más estudio y observación, según eso, es el de la población de adultos mayores, de tal modo que, en el caso concreto de Jalisco, se estima que para 2030 habrá poco más de 705 mil personas de 65 o más años de edad.
Los datos fríos conducen simplemente a proyecciones o incluso realidades en cuanto a números, pero no rebasan la barrera matemática. Entonces, como enseña la teoría periodística respecto de “las noticias de cifras”, habría que darles contexto e incluso circunstancias que expliquen el fenómeno o situación. Por ejemplo, y solamente atendiendo a estimaciones, ¿llegarán a esas fechas esos ancianos porque gozaron de condiciones propicias de salud, de bienestar, de autosuficiencia económica o buena alimentación?
¿Cuántos asilos existen registrados y cómo se vigila y califica su atención integral?, ¿cuántos viejitos sobreviven en su casa o en la de parientes, y en qué situación? Si es alta y creciente la supervivencia de quienes traspasan la sexta década, ¿hay indicadores que revelen las causas naturales de ese efecto
(su cuidado personal, su salud física, mental y espiritual, el acompañamiento familiar, su capacidad de proyección y de acción, sus principios, valores, cualidades y habilidades)? Si en términos económicos se pondera el desempleo y una decreciente productividad, ¿los ancianos menos solventes aunque todavía disponibles, sanos y lúcidos seguirán destinados nada más a envolver mercancías en los supermercados o de plano a la mendicidad?, ¿se ha medido y valorado el desperdicio de la experiencia laboral, y de vida de los “descartados” y hasta repudiados, muchas y tristes veces por la misma familia, la empresa, la academia, la sociedad, las leyes actuales?, ¿por qué la educación universitaria no ha justipreciado o
alentado las carreras de Geriatría y Gerontología?, ¿acaso no se supone que hay “mercado” de sobra?
Definitivamente, me quedo con la ancestral y permanente lección que nos dan nuestros hermanos indígenas de todas las etnias en relación con el trato considerado y venerable que profesan a sus ancianos. ¿En qué idioma o dialecto habría que consultarlos para establecer acá una norma de conducta?

@arquimedios_gdl

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