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Surgió recientemente al norte de Italia, en Milán, la iniciativa “Una ola larga contra la violencia masculina contra las mujeres”, que permite reflexionar sobre un tema de gran actualidad, en todo el mundo, Guadalajara, Jalisco, no es la excepción. Medios de comunicación en Guadalajara, han publicado “En Jalisco, violencia contra las mujeres ha aumentado en los últimos 7 años… El 74.1% de las mujeres en Jalisco ha sufrido algún tipo o modalidad de violencia a lo largo de sus vidas. De acuerdo con datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP)”… De hecho, la violencia contra las mujeres es una hierba venenosa que aflige nuestra sociedad y que debe ser eliminada desde la raíz.
Y estas raíces son culturales y mentales, crecen en el terreno del perjuicio, de la posesión, de la injusticia. En demasiados lugares y variadas situaciones las mujeres son puestas en segundo plano, son consideradas “inferiores” como objetos: y si una persona es reducida a una cosa, entonces no se ve más la dignidad, se considera solo una propiedad de la que se puede disponer en todo, hasta incluso suprimirla.
¡Cuántas mujeres están oprimidas por el peso y el drama de la violencia!
Cuántas son maltratadas, abusadas, esclavizadas, víctimas de la prepotencia de quien piensa que puede disponer de su cuerpo y de su vida, obligadas a rendirse a la codicia de los hombres. Lamentablemente en esto algunos medios de comunicación todavía juegan un rol ambiguo. Por un lado favorecen el respeto y la promoción de las mujeres; pero de la otra transmiten continuamente mensajes impresos en el hedonismo y el consumismo, cuyos modelos, tanto masculinos como femeninos, obedecen los criterios del éxito, la autoafirmación, de la competición, del poder de atraer al otro y dominarlo.

Y ¡donde hay dominio hay abuso! No es amor lo que exige prisioneros. ¡El Señor nos quiere libres y en plena dignidad! “Ante la plaga de los abusos físicos y psicológicos sobre las mujeres está la urgencia de redescubrir formas de relaciones justas y equilibradas, basadas en el respeto y en el reconocimiento recíproco. Los condicionamientos de todo tipo deben contrarrestarse con una acción educativa que, partiendo de la familia, ponga en el centro a la persona y su dignidad. Es nuestro deber, responsabilidad de cada uno, dar voz a nuestras hermanas sin voz: las mujeres víctimas de abuso, explotación, marginación y presiones indebidas.
¡No podemos quedarnos indiferentes! Es necesario actuar enseguida, -ciertamente no echando más leña al fuego- pero sí a todos los niveles, con determinación, urgencia, valentía.
Del corazón y de la carne de una mujer ha venido al mundo la salvación; de cómo tratamos a la mujer, en todas sus dimensiones, se revela nuestro grado de humanidad. Ya el Papa san Juan Pablo II decía, “ahora queremos considerar más en particular el papel de la mujer cristiana, no sólo por la importancia que siempre han tenido las mujeres en la Iglesia, sino también por las esperanzas que en ellas se ponen y se deben poner para el presente y para el futuro”. Que esa “ola”, iniciada hace unos días en Italia, sea verdaderamente larga y pueda contribuir a un cambio de mentalidad.

@arquimedios_gdl

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