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Pastores y fieles que han sabido leer el signo identitatario de nuestra Iglesia Diocesana para aplicarlo a la realidad.

PBRO. JOSÉ ANTONIO LARIOS SUÁREZ. SECCIÓN DIOCESANA DE EDUCACIÓN Y CULTURA.

Después de nuestra experiencia pascual que tuvo su culmen en 1542, el compromiso evangelizador de muchos hombres y mujeres en el devenir de los siglos es incontable. Por la brevedad de letras, solo hablaremos de los personajes más emblemáticos, en los cuales estamos bien representados como Iglesia diocesana.
INTEGRACIÓN RACIAL Y SURGIMIENTO DE LA IDENTIDAD REGIONAL
En 1653, el obispo Juan Ruíz Colmenero, le da el título a Nuestra Señora de Zapopan de “Taumaturga”, proceso que fue resultado de una investigación diligente iniciada por el segundo párroco de Zapopan, Don Diego de Herrera, hombre culto, pastor cercano y observador de su comunidad, considerado el primer historiador de la Virgen de Zapopan.
Al título de Taumaturga seguiría la elevación del templo de la Virgen a santuario, en 1654, con la intención que indígenas y españoles pudieran participar del culto en el mismo templo.

La afirmación de la iglesia de Zapopan como santuario consolidó el proceso de integración racial que ya se venía dando; para los españoles el Santuario de Zapopan se elevaba como un instrumento poderoso de arraigo, favoreciendo el desarrollo de la nueva identidad que ellos buscaban en estas coordenadas del tiempo y del espacio americano. Entender esta dinámica y favorecerla fue el acierto pastoral de dos grandes obispos del siglo XVII, el señor Juan Ruíz Colmenero y el señor Santiago de León Garabito, constructor del santuario definitivo que hasta el presente conocemos.

CONSOLIDACIÓN DE LA IDENTIDAD REGIONAL
El nombramiento de Nuestra Señora de Zapopan como “Patrona contra rayos, tempestades y epidemias de la ciudad episcopal” se dio en 1734, fruto de las calamidades que la ciudad vivía por el temporal de lluvias Guadalajara pidió al obispo Nicolás Gómez de Cervantes la visita de la Virgen a la ciudad. Con su accesibilidad pidieron a las autoridades civiles y eclesiásticas de Zapopan esta gracia, ya que años antes había visitado la ciudad por diversas calamidades, experimentando gran alivio.
La jura de este patronato conllevaba la obligación de traer año con año la Imagen de la Virgen en el temporal de lluvias, para que por turno visitaras las parroquias y comunidades que formaban la metropoli, con ello se iniciaba la tradición religiosa culturalmente más rica del obispado de Guadalajara, y la única que hasta el presente se mantiene, pese a las prohibiciones legales y a las persecuciones religiosas que ha sufrido el país.
Los 289 años de visitas a la ya actual zona metropolitana de Guadalajara han hecho presencia viva de la Iglesia en los espacios públicos, fomentando la espiritualidad de la Iglesia en salida, la atención de las periferias existenciales, la reconstrucción del tejido social, toda una pedagogía y modelo pastoral, no siempre valorado ni aprovechado por algunos pastores.
NACIMIENTO DEL ESTADO DE JALISCO
La independencia de la Nueva Galicia se dio sin disparar una sola bala ni derramar una sola gota de sangre, fue fruto de acuerdos inteligentes, de la adhesión al Plan de Iguala propuesto por Iturbide. Una vez independientes, se decidió anunciarlo en la entrada de la Virgen de Zapopan a la ciudad de Guadalajara el 13 de junio de 1821, para lograr así la mayor difusión en ese día feriado, donde las multitudes recibían a la Virgen.

La intendencia de Guadalajara pidió entonces al ejército proclame a Nuestra Señora como Generala de Armas del ejército insurgente. El ejército accedió y el 13 de junio de 1821 se le otorgó este título; la celebración se efectuó el 15 de septiembre en la Catedral de Guadalajara. El obispo Juan Ruíz de Cabañas y Crespo se comprometió con la causa de la independencia de la Nueva Galicia, ayudando política y económicamente, y secundando las iniciativas de los nombramientos de la Virgen de Zapopan que la ponían como emblema máximo de nuestra región.
Dos años más tarde, el 16 de junio de 1823, nació el Estado Libre y Soberano de Jalisco; los diputados del primer congreso estatal, constituido en ese mismo momento, decidieron nombrar a la Virgen de Zapopan “Protectora Universal del Estado libre de Jalisco”

Estos dos nombramientos de la Virgen los procuraron nuestros antepasados para fortalecer el federalismo, aún desde los signos religiosos que amalgaman y dan identidad, marcando un límite al centro del país que siempre ha pugnado por un centralismo absorbente aunque disfrazado.

La Virgen de Zapopan como bandera de la resistencia pacífica

En 1918, el Congreso de Jalisco codificó diversos artículos contrarios a la libertad religiosa, limitando el número de sacerdotes, exigiéndoles registrarse ante el gobierno, suprimiendo las manifestaciones religiosas públicas, etc.
Toda la comunidad católica de Jalisco se unió bajo el liderazgo del laico Anacleto González Flores y del Arzobispo Francisco Orozco y Jiménez para iniciar un movimiento de resistencia pacífica contra las arbitrariedades del gobierno, un movimiento tan exitoso que el Congreso debió retractarse en 1919, por la fuerza de la democracia y sin admitir jamás acuerdos por debajo de la mesa. Para celebrar este triunfo de la sociedad jalisciense, el propio Arzobispo decidió agilizar todos los trámites y preparativos para coronar a Nuestra Señora de Zapopan.
El Beato Anacleto González Flores tomó como bandera del movimiento de resistencia pacífica a Nuestra Señora de Zapopan, organizaba peregrinaciones a la Basílica de Zapopan, descalzos llegaban a los pies de la Virgen para suplicar por la paz y la libertad religiosa.
En el clima de hostilidad entre la Iglesia y el Estado, por la persecución que ya se experimentaba con fuerza, fue coronada con autoridad pontificia la Virgen de Zapopan el 18 de enero de 1921.

Nuestra Señora de Zapopan en los albores y maduración del Concilio Vaticano II

En las etapas sucesivas de la Iglesia de Guadalajara, los arzobispos aplicaron el Concilio Vaticano II defendiendo la devoción zapopana ante un considerable número de clérigos que, mal leyendo el Concilio comenzaron a depreciar y despreciar la piedad popular y mariana, arguyendo nuevos aires en la Iglesia y manifestando como anacrónicas muchas expresiones de la fe especialmente en torno a la Virgen de Zapopan.
El Cardenal José Garibi Rivera fue quien suplicó por la recuperación del lago, y cumpliendo su promesa, llevó la Imagen de la Virgen al vaso lacustre por primera vez en diciembre de 1955; luchó con todas sus fuerzas para que se creara el camino de Ávila Camacho para la romería, pues el antiguo camino era cada vez más inviable por el crecimiento demográfico, mismo camino que a la fecha, por desgracia, no se ha recuperado para nuestra romería.

El Cardenal José Salazar López, que debió defender de su mismo clero y ante el Nuncio Apostólico la pervivencia de la romería, invitándolo personalmente a participar y darse cuenta del caudal de gracia que esta celebración original, reacomodó estructuras y formas para que las visitas a la ciudad y la misma llevada de la Virgen quedaran en el marco y contexto de un caminar pastoral bien pensado, donde esta piedad popular fortaleciera y animara los procesos permanentes que se vivían.
El señor Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, recién llegado a nuestra diócesis, la nombró Patrona de la Arquidiócesis de Guadalajara, logrando hacer de llevada de la Virgen una celebración litúrgica en grado de solemnidad en toda la diócesis, con su esquema de Misa propio, organizó la restauración de la Imagen original de la Virgen y siguió estructurando la piedad en torno a Ella en favor del proceso pastoral de la Iglesia de Guadalajara.

El Cardenal Juan Sandoval Íñiguez dio continuidad a este proceso y potenció la coronación de la Virgen como Reina del Lago de Chapala, deseo y compromiso que había quedado en el corazón del pueblo desde aquel diciembre de 1955.

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