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LAURA CASTRO GOLARTE

La causa de canonización de fray Antonio Alcalde y Barriga, Siervo de Dios, se sustenta en las obras y las vidas que tocó el dominico a lo largo de su existencia y hasta nuestros días. Los cambios y beneficios que emprendió y otorgó durante sus últimos 21 años de vida en Guadalajara, nada más, tendrían que ser suficientes para el ascenso a los altares porque si estamos hablando hoy del fraile de la calavera es por su permanencia y trascendencia en el tiempo, resultado de sus labores cotidianas, de su entrega a las causas espirituales y de calidad de vida (salud, educación y subsistencia) de su rebaño.
Ya he compartido aquí que Alcalde, en cuanto entró a Guadalajara y tomó posesión de la Mitra, empezó a preguntar y a observar la realidad que lo circundaba y pronto se dio cuenta de que había grandes carencias particularmente materiales.
Pidió que se investigara qué tipo de industria era propicia para la capital, todavía, de la Nueva Galicia (no empezaba la trasformación que implicaba la aplicación de las reformas borbónicas y que repercutió, entre otras cuestiones, en la organización de las posesiones españolas americanas en intendencias) para impulsar su establecimiento y, con él, la generación de empleos, de trabajo. Así sucedió y fue de sus primeras acciones al pisar suelo tapatío.

¿Después qué hizo? Se organizó para emprender una primera visita pastoral cuando la extensión de la Diócesis llegaba hasta territorio hoy estadounidense por el lado del Golfo de México (seno mexicano). Estas visitas eran muy importantes por varias cuestiones: en primer lugar eran obligatorias por el decreto Christus Dominus. En segundo, era la única manera de que el obispo conociera de manera directa la situación de la diócesis. Fray Antonio Alcalde tenía la experiencia de las dos visitas pastorales que realizó en Yucatán, una diócesis que si bien no era tan extensa, era muy complicada por el clima, las dificultades del terreno y los peligros que acechaban en las costas, lugares ideales para la operación de piratas.
Y en tercer lugar, impulsar a los fieles y a los párrocos, específicamente, para el cumplimiento puntual de sus deberes religiosos, espirituales y administrativos eclesiásticos, como eran el cobro y pago de diezmos, obligatorio y fundamental porque, aparte de las presiones reales desde España para mandar los dineros que había que enviar sin falla ni retraso, de ahí se obtenían los recursos para las obras que más tarde emprendería el dominico.
Cabe decir que la visita pastoral de Alcalde en Guadalajara se realizó en dos partes, pero fue una y no recorrió toda la circunscripción.
Según documentó la Dra. Águeda Jiménez Pelayo, fue entre 1775 y 1776, es decir, Alcalde tenía escasos cuatro, cinco años ejerciendo como obispo de Guadalajara y 74 de edad. Hay una descripción de fines del XIX de Luis Pérez Verdía, muy interesante: “Emprendió bien pronto la visita pastoral, atravesando desiertos, subiendo sierras fragosísimas como las de Nayarit y de Comanja y cruzando por diversos climas, sin que le arredraran los peligros de las enfermedades ni las fatigas de prolongados caminos”.
Juan Joseph Moreno, autor del Sermón predicado el día 10 de noviembre de 1792. En las solemnes exequias que la Santa Iglesia Catedral de Guadalaxara celebró a su Pastor el Illmo. y Rmo. Señor Mtro. D. Fr. Antonio Alcalde hizo una descripción breve y puntual de la hazaña del prelado: “Contra los dictámenes de los médicos salió dos veces por distintos rumbos de esta Diócesis, pronto y alegre a hacer el sacrificio, tanto de su salud quebrantada como de su preciosa vida. En una y otra pasó ríos, sufrió hambres, desvelos, enfermedades y, por último, en esta toleró persecuciones de falsos hermanos”.
La Dra. Águeda nos ofrece los detalles: la visita inició el 10 de octubre de 1775, se suspendió el 16 de diciembre siguiente; la reanudó el 10 de enero de 1776 y concluyó prácticamente cuatro meses más tarde, el 21 de mayo de ese último año. Eligió otoño, invierno y una parte de la primavera para hacer el recorrido, no así el verano, muy probablemente por la experiencia en Tabasco y porque a esas alturas, ya conocía la forma de llover en esta región.
En total fueron cuatro meses en los que Alcalde se adentró lo más que pudo a la Diócesis. A partir de esta visita tomó una serie de decisiones como insistir en la división del territorio y también en su postura con respecto al cobro de diezmos.
No tuvo éxito en sus gestiones sobre esto último, pero sí logro incrementar la recaudación.

@arquimedios_gdl

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