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Ángel Eduardo López Orozco 4° de Teología

Dice un conocido dicho que: para que tu escuela sea tu segunda casa, tu casa debe ser tu primera escuela. En el calor del hogar empezamos a realizar un sinfín de actividades, allí pronunciamos nuestras primeras palabras, nuestros primeros pasos, tenemos por primera vez la experiencia de sabernos amados y queridos, aprendemos a compartir con nuestros hermanos y sobretodo aprendemos a perdonar, esas experiencias se resumen en la palabra hogar.

En nuestra familia no solo tenemos los primeros pasos en nuestra vida ordinaria, sino que ahí también tenemos los primeros pasos en la vida de la gracia. De los labios de mi madre aprendí a comunicarme con Dios y los hombres. Con maternal paciencia cada una de nuestras madres nos enseñó como persignarnos, a rezar un Padre-nuestro y el Ave María, nuestros padres con su cansancio nos muestran por primera vez lo que significan esas cuatro letras que forman la palabra amar. Nuestros hermanos nos enseñan la confianza y el compartir, nos enseñan a ser solidarios, y nos ayudan a corregir. Este misterio tan grande donde nosotros conocemos y amamos a Dios por primera vez a la luz del hogar es solo una de las razones por la que a la familia se le dice Iglesia doméstica.

LA FAMILIA PRIMER SEMINARIO

La familia es verdaderamente una Iglesia, congregada por el amor de Cristo y de los esposos, donde se alaba a Dios con el trabajo y se aprende a conocer, amar y servir a Dios. Pero ¿la familia puede ser el primer seminario? La respuesta es un sí, cuando una familia vive plenamente su función de Iglesia doméstica dentro de su seno surgen vocaciones cristianas a la vida consagrada, y cuando un muchacho decide ingresar al Seminario ha sido porque en el calor del hogar ha escuchado la voz de Cristo.

Sin embargo ¿cómo se escucha la voz de Cristo en nuestro ambiente familiar? La voz de Cristo resuena de una manera especial en la ternura maternal de una madre por su hijo, en el sacrificio abnegado de un padre por su niño, en el perdón mutuo que se dan los hermanos, son pequeños ecos de la voz de Cristo que van forjado en un niño la vocación a ser predicador de la ternura de Dios para su pueblo, para ofrecer y ofrecerse en el Sacrificio cotidiano de la Misa y ser ministro de la misericordia de Dios que perdona al pecador que acude a él. El hogar es el primer encuentro que tenemos con la experiencia de Dios.

AL SEMINARIO POR VOLUNTAD

Muchos padres quisieran tener a un hijo sacerdote en su familia, y muchas veces lo presionan por entrar al Seminario, es un deseo muy cristiano y muy santo desear que alguno de los hijos llegue a ser sacerdote, sin embargo no es correcto buscar meterlos en un seminario contra su voluntad. ¿Cuál es la mejor manera de tener un hijo sacerdote? Lograr que nuestras familias sean verdaderas iglesias domésticas, allí nacen las vocaciones, sean al sacerdocio, a la vida consagrada o al matrimonio. Para que el seminario sea tu segunda casa, tu casa debe ser tu primer seminario

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