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VÍCTOR ULÍN

Llegan acompañadas en el mismo auto. Descienden y entran al restaurante. Van vestidas iguales: blusa y pantalón blanco, y el chaleco verde.
El mesero las atiende, les ofrece la carta y espera a que elijan el platillo de su predilección. Le dan la orden al mesero que anota y empiezan a botanear.
Supongo que usted ya adivinó que son dos enfermeras del Instituto Mexicano del Seguro Social (y ahora de Bienestar) y que, como todos, tienen derecho a comer donde quieran.
Estamos tan acostumbrados a verlas solo dentro de los hospitales que nos olvidamos de lo heroicas y lo vital que son para todos nosotros.
En la pandemia de covid-19, las tratamos de manera injusta mientras religiosamente acudían a los hospitales a ayudar. Los medios de comunicación reseñaron agresiones de la gente sólo porque portaban sus uinformes blancos.

Si llegara el momento de tener que valorar entre el personal médico que encontramos en los hospitales públicos o privados, no hay nadie más humanista que las enfermeras.
Su vocación es la de un ser humano que literalmente sirve al otro en los momentos más difíciles que a muchos nos ha tocado vivir cuando caemos en la cama de cualquier hospital por una enfermedad grave o pasajera.
Son las únicas más cercanas al ejemplo de la Madre Teresa de Calcuta. Es la imagen que viene a mi mente cada que las veo aquí o en cualquier parte. Las únicas que no se detienen a pensar a quién atienden y sólo las mueve su vocación de ayudar al prójimo, el bien común.
No exagero si afirmo que sin las enfermeras los hospitales no tendrían corazones, ni menos alma, que harían falta los ángeles.

Es una profesión que ha ido contracorriente para ganarse un lugar dentro del personal médico, donde mucha gente sigue viendo solamente a los doctores.

Hace falta más justicia para las enfermeras. Lo que ahora ganan, sin que sea el propósito de sus vocaciones enriquecerse, no es proporcional a su esfuerzo y entrega desinteresada en la mayoría de los hospitales, porque también tenemos que señalar que más de una o uno no ha estado bien en su trato con los pacientes o con sus familiares, pero son los menos.

Cada año egresan cientos de las universidades como licenciadas o licenciados en Enfermería, mujeres y hombres, y hacen falta en los hospitales, principalmente en los públicos. Sin embargo, los gobiernos estatales y el federal no habilitan las plazas suficientes para una plantilla laboral para que atienda mejor a nuestros enfermos que cada vez son más.
Necesitamos ver más enfermeras y enfermeros también en los espacios públicos, con su uniforme blanco que les identifica, y reconocerles con una sonrisa o con un “gracias” cada que nos los encontremos camino a casa o en los hospitales.
Necesitamos ser más agradecidos por su loable y amorosa labor. Hay que cuidarlos y procurarlos para que sean suficientemente valorados, por todos nosotros. Necesitamos más almas blancas como las dos que ahora estoy mirando y que se van contentas, sonrientes, a su trabajo.

@arquimedios_gdl

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