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ALFREDO ARNOLD

Resulta curioso, por decirlo de alguna manera, que hoy, cuando existe una disminución numérica de católicos en México, un avance de las leyes y costumbres liberales, disminución de religiosidad y debilidad de la familia, las dos candidatas presidenciales hayan visitado al Papa Francisco. Esto no había ocurrido en toda la historia de México; de hecho, el Presidente López Obrador no se ha entrevistado con su Santidad, aunque sí lo hizo su esposa, Beatriz Gutiérrez, en 2020.
Primero Xóchitl Gálvez y dos días después Claudia Sheinbaum estuvieron en el Vaticano. La candidata de la oposición informó que su visita fue como católica; la de Claudia fue más bien una visita política. La primera fue a visitar a su jefe espiritual; la segunda, al líder mundial. Pero, independientemente de sus motivos, las dos visitas tendrán consecuencias electorales.

Después de 130 años sin relaciones oficiales, el presidente Echeverría fue al Vaticano, y en 1979 durante el primer viaje del Papa Juan Pablo II a México, ocurrió un incidente que hoy vale la pena recordar: el presidente López Portillo invitó al Papa a la residencia presidencial de Los Pinos, un hecho que provocó el enojo y la renuncia del secretario de Gobernación, don Jesús Reyes Heroles porque el presidente habría violado el estatus de laicidad de Estado. López Portillo reaccionó con cierto buen humor: fue su mamá quien se lo pidió, “y yo no podía negarme a su deseo; si hay que pagar alguna multa, la pago yo”.

Aquella visita de Echeverría al Vaticano, los viajes de Juan Pablo II y posteriormente de Benedicto VI a México y la restitución de personalidad jurídica a las iglesias en el sexenio de Salinas de Gortari, dieron un giro a la situación.
Lo verdaderamente importante, desde lo público, no es la intención espiritual o política que motive la visita de las candidatas, sino conocer si una y otra están dispuestas a gobernar dentro de ciertos parámetros que indica la catolicidad (el Catecismo de la Iglesia Católica incluye una amplia gama de indicaciones sobre la forma de gobernar. A continuación, expongo algunas ideas resumidas, que por supuesto son bastante más amplias.
Si algún lector desea consultarlas, anoto también el número del párrafo correspondiente).

  1. “Una sociedad bien ordenada y fecunda requiere gobernantes investidos de legítima autoridad, que defiendan las instituciones y consagren, en la medida suficiente, su actividad y sus desvelos al provecho común del país”.
  1. “La autoridad no saca de sí misma su autoridad moral, no debe comportarse de manera despótica, sino actuar para el bien común”
  1. “Es preferible que un poder esté equilibrado por otros poderes y otras esferas de
    competencia que lo mantengan en su justo límite. Es éste el principio de Estado de derecho”.
  1. “El bien común está siempre orientado hacia el progreso de las personas: El orden social y su progreso deben subordinarse al bien de las personas y no al contrario”.
  1. “Corresponde a los que ejercen la autoridad reafirmar los valores que engendran confianza en los miembros del grupo y los estimulan a ponerse al servicio de sus semejantes”.
  1. “El poder político está obligado a respetar los derechos fundamentales de la persona humana”.
  1. “La Iglesia ha rechazado las ideologías totalitarias y ateas asociadas en los tiempos modernos al ‘comunismo’ o ‘socialismo’.
    Por otra parte, ha rechazado en la práctica del ‘capitalismo’ el individualismo y la primacía absoluta de la ley del mercado sobre el trabajo humano”.
  1. “La vanagloria o jactancia constituye una falta contra la verdad. Lo mismo sucede con la ironía que trata de ridiculizar a uno caricaturizando de manera malévola tal o cual aspecto de su comportamiento”.
  1. “La información de estos medios (se refiere a los medios masivos de información) es un servicio del bien común. La sociedad tiene derecho a una información fundada en la verdad, la libertad, la justicia y la solidaridad”.

Sin abordar directamente el tema de la fe o la religiosidad, la Iglesia tiene un claro concepto de las necesidades políticas del mundo, necesidades que lamentablemente no atienden muchos gobiernos, organismos e individuos.
Visitar al Papa, en tiempos de campaña, sugiere que las aspirantes presidenciales están dispuestas a darle a los votantes cierta seguridad de que gobernarían con determinados valores éticos, morales, justos, decentes y honestos que propone la Iglesia. De lo contrario, lo único trascendente sería el impacto mediático de sus fotografías al lado de Francisco.
Ojalá que las candidatas Claudia y Xóchitl incluyan en sus propuestas de gobierno algunas ideas adquiridas en la visita a su Santidad.

*El autor es LAE, diplomado en Filosofía y periodista de vasta experiencia. Es académico de la Universidad Autónoma de Guadalajara.

@arquimedios_gdl

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