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SERGIO PADILLA MORENO


Hace justo trescientos años se estaban configurando las circunstancias que terminarían por llevar al entonces ya reconocido compositor alemán, Johann Sebastian Bach (1685-1750) a uno de los
puestos que fueron más significativos en su vida personal y profesional, como lo fue ser la máxima autoridad musical de la Iglesia de Santo Tomás de la ciudad alemana de Leipzig. El anterior responsable de ese puesto había muerto en junio de 1722, y se comenzó un periodo de búsqueda del sustituto, el cual terminó por resolverse a favor de Bach, en mayo de 1723.

Bach estuvo en Santo Tomás de Leipzig hasta su muerte en 1750, y es el lugar donde descansan sus restos mortales. Durante esas casi tres décadas compuso las increíbles, profundas y majestuosas obras corales conocidas como Cantatas, que Bach escribió semanalmente en correspondencia a las lecturas bíblicas de cada domingo. Hoy en día se conocen más de doscientas de ellas. Durante esos años compuso también obras imponentes como la Pasión según San Juan (1724) y la Pasión según San Mateo (1729), además del Oratorio de Navidad (1734), la Misa en si menor (que le llevó varios años) y el
Magníficat (1723). Todas estas obras son comparadas a verdaderas catedrales musicales por su belleza, imponencia y perfecta estructura.

Con relación a esta última noción, donde se pueden contemplar muchas de las obras de Bach a partir de su arquitectura interior, vale la pena destacar lo dicho por tres personalidades. El primero es el propio Ludwig van Beethoven, quien así se refirió al compositor alemán: “Mi corazón late sinceramente por el arte sublime y espléndido de este primer padre de la armonía”.

Otro testimonio lo dio el gran chelista catalán Pablo Casals, quien dijo: “Ese hombre, que lo sabía todo,
que lo sentía todo, no pudo escribir una nota, por insignificante que pareciera, sin que esa nota resultara trascendental. Bach llegó a lo más profundo de todos los sentimientos nobles, dentro de la forma más perfecta”.

El tercer acercamiento es el que hizo la joven Sandra del Carmen Sandoval Martínez, alumna del ITESO, quien, en un magnífico ensayo titulado “Bach y la arquitectura”, dice: “La obra de Bach está plagada
de claves numéricas y fórmulas aritméticas que él usa para componer de manera armoniosa. Bach encontró en las matemáticas y la geometría un gran apoyo para sustentar la estructura de sus obras.
Mas él no sólo se sirvió de estas disciplinas para crear su música, sino que dio un gran aporte a ellas con el empleo de la fuga y el contrapunto: tomaba uno o varios temas y los sometía a transformaciones geométricas que mantienen la forma del tema: traslaciones, giros y simetrías. Es así que empezamos a ver cómo Bach usaba y dio un aporte a una disciplina que es común a la arquitectura y la música: las matemáticas.
En lo que respecta a mí, como estudiante de la carrera de arquitectura, este trabajo […] me ha impulsado a amar y gustar de la música como la arquitectura y espíritu del alma”.

El autor es académico del ITESO, Universidad Jesuita de Guadalajara – padilla@iteso.mx Documental sobre Bach https://www.youtube.com/watch?v=NjP4lLQhdXY

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