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 Nicolle Alcaraz

Al hablar de adicciones, la población mayor de 60 años casi nunca figura en nuestras conversaciones, quizás porque diversas investigaciones, incluida la elaborada por el doctor R. Kalish (1983), indican que existen pocas personas de la tercera edad que sean dependientes de sustancias ilegales, cifra que habrá de aumentar con el pasar de los años ante el incremento en la disponibilidad de éstas, elevándose en un 300% de 2001 a 2020 tan solo en EE.UU. según José H. Quimbayo, investigador de la Universidad de Caldas.

Sin embargo, diversos investigadores, a través de la plataforma National Library of Medicine, han reportado un incremento peligroso en las prescripciones indiscriminadas de benzodiacepinas entre la comunidad mayor, medicamentos que son frecuentemente empleados como sedantes y ansiolíticos, generando una epidemia que no suele ser tomada en serio debido a que el origen de estas dependencias puede ser trazado hasta el propio consultorio médico. 

Acorde al National Institutes of Health, 9 de 10 recetas para uso a largo plazo de medicamentos psiquiátricos en adultos de entre 65 y 80 años son hechas por personas que no son psiquiatras. Además de que según la Mtra. Patricia Núñez Lemus, psicóloga especializada en el tema, “a las personas mayores se les prescriben medicinas en exceso, con dosis altas y sin control de límite de tiempo. Como en la vejez hay una polipatología, o sea, distintos tipos de enfermedades, lo común es que sus numerosos síntomas sean tratados con una larga lista de preparados”, por lo que 15% de los ingresos hospitalarios corresponden a ancianos con enfermedades iatrogénicas, es decir, “un daño causado o provocado, como efecto secundario inevitable, por un acto médico legítimo y avalado, destinado a curar o mejorar una patología determinada”.

Algunas de las consecuencias del consumo prolongado de este tipo de fármacos se ven reflejadas en la memoria y otras funciones cognitivas, habiendo estudios que revelan una posible asociación con la demencia, esto según la Sociedad Española de Farmacéuticos de Atención Primaria (SEFAP). Por lo que es indispensable impulsar más investigaciones que sean capaces de dar luz a las dimensiones reales de esta problemática a nivel mundial, pero, sobre todo, en nuestro país.

INICIAR EN EL CONSUMO DE SUSTANCIAS PSICOACTIVAS

Los adultos mayores consumidores de sustancias psicoactivas pueden clasificarse de dos formas según el origen de su adicción: los consumidores de iniciación temprana, denominados supervivientes, quienes tienen una larga historia de consumo que se remonta a su juventud. Y, por otro lado, los consumidores de iniciación tardía, denominados reactivos, quienes “suelen empezar a consumir   sustancias   debido   a algún   acontecimiento   estresante   de   la   vida, como   la jubilación, el fracaso matrimonial, el aislamiento social o la pérdida de un ser querido”, acorde a la psicóloga Nuñez.

En el caso del consumo de sustancias ilícitas, las difíciles condiciones físicas y sociales, así como las pérdidas de seres queridos; el cambio súbito de roles; y las respectivas consecuencias psicológicas a las que se tiene que enfrentar el anciano en esta etapa de su vida desencadenan la ingesta desmedida de este tipo de drogas.

UN MAL QUE DESCONOCE EDAD

“No es muy nombrada una clínica de adicciones para adultos, porque con quien hay que lucirse es con los jóvenes. Aquí a los jóvenes les prometen infinidad de cosas, pero no hay un respeto por la vejez. Por ejemplo, a ellos no les dicen la otra cara de la moneda: que ya no van a tener pensión, que muy probablemente no se van a poder jubilar, o que a los 40 años ya no van a conseguir tan fácil un trabajo porque vuelven a empezar con los de 18. Y este mismo tema del trabajo tiene que ver mucho, yo creo, con las propias adicciones, porque uno dice:

 <bueno, no trabajo o no en lo que me gusta. Ya no me toman en cuenta, me obligan a jubilarme antes, ¿Ahora qué voy a hacer?>” narró Gerardo O., quien actualmente tiene 61 años, 10 de estos en rehabilitación por consumo de alcohol y metanfetaminas.

INICIÓ EN EL CAMINO DE LA ADICCIÓN

Gerardo comenzó a consumir alcohol a partir de sus 30 años, en su momento recurría a la bebida como una forma de diversión y desinhibición, lo que a la larga complicó su proceso de aceptación como adicto, al igual que su edad.

“La primera vez que me di cuenta que ya no podía seguir así fue porque me puse tan mal que perdí mi coche y tuve que reportarlo como perdido a la procuraduría”. Sin embargo, antes de este momento, Gerardo ya había sufrido un accidente automovilístico, donde se fracturó 3 costillas y el esternón; había quedado detenido en múltiples ocasiones por manejar ebrio en la vía pública; e incluso podía pasar días sin regresar a casa con su familia. Pero, como comentó “en ese entonces no estaba listo para darme cuenta del daño que el alcohol le estaba haciendo mi vida”.

Después del incidente, acompañado por un amigo, Gerardo comenzó su rehabilitación en un grupo de Alcohólicos Anónimos (AA), pero tras 4 años de sobriedad recayó, pero ahora estaba atrapado entre las garras del cristal. “Todo mundo empezamos igual: lo hacemos social al principio. Solo que hay personas que lo superan, pero otros lo seguimos haciendo porque la adicción se hace un compañero de vida, sobre todo cuando no tienes ningún otro.”

A UNA CLÍNICA DE REHABILITACIÓN

A raíz de esto, sus hermanos optaron por ingresarlo a una clínica de rehabilitación, preocupados por la paranoia y las alucinaciones que lo acompañaban, y que no permitían que Gerardo pudiera vivir su día a día sin compañía de alguien.

“La decisión no la tomé yo de irme a una clínica. Me engañaron y simplemente llegaron por mí como unas guaruras. Eran 4 o 5, no recuerdo bien, y te suben a fuerza, mientras estas forcejeando porque piensas que te están secuestrando, me metieron a la camioneta, me amarraron y encerraron en un lugar, y por días no te dejan ver a nadie de tu familia y conocidos”.

Tiempo después él y sus hermanos descubrirían que se trataba de una clínica clandestina, sin ningún tipo de certificación oficial, pero que por un precio mucho más accesible que el de las alternativas más renombradas, prometía “curar” la adicción de Gerardo.

“Sales con un odio tremendo. “Yo no digo que no haya clínicas buenas, si las hay y yo he estado en ellas, pero hay que investigar (…) muchos de los psiquiatras en esas clínicas malas están coludidos, te dan medicina, pero es la misma que les recetan a todos. Y no tiene sentido”, concluyó.

CENTROS DE INTEGRACION JUVENIL

Los Centros de Integración Juvenil A.C. se crearon con la finalidad de “proporcionar servicios de prevención y tratamiento para atender el consumo de drogas, con criterios de equidad, igualdad y no discriminación, basado en el conocimiento científico y formando personal profesional especializado”, acorde a su sitio web oficial. Cuentan con 106 centros de tratamiento a nivel nacional; 11 unidades de hospitalización y 1 unidad de investigación científica en torno a las adicciones, localizada en Nayarit.

Pese a que su nombre hace hincapié en la juventud, estos centros atienden a personas de todas las edades y se distinguen de los famosos anexos en donde carecen de una metodología diseñada para el tratamiento de las adicciones, y llegan a incurrir en prácticas inhumanas que atentan contra el bienestar físico y psicológico de las personas ahí ingresadas, sin mencionar que no cuentan con los permisos necesarios para su establecimiento.

Tan solo en Jalisco cuentan con 6 centros de prevención y tratamiento y 2 unidades de hospitalización en donde se da atención a aquellos pacientes que requieren de una desintoxicación previa a un tratamiento contra las adicciones. Además de brindar apoyo a quienes padecen personalmente de esta enfermedad, también poseen tres diferentes programas preventivos para proactivamente disminuir la incidencia de este malestar social, los cuales son:

  1. Prevención Universal: actividades con población de 10 a 18 años, padres y maestros.
  2. Prevención Selectiva: población en riesgo por violencia, depresión, trastornos de la alimentación; así como en riesgo de consumo de sustancias específicas: cocaína/crack y metanfetaminas.
  3. Prevención Indicada: detección temprana, intervención breve y canalización oportuna a tratamiento.

Su intervención se basa en la reducción de la demanda de drogas con la participación de la comunidad, apoyando con terapias externas continuas que disminuyen las posibilidades de recaída en aquellas personas que han terminado su periodo de internamiento, y que deben enfrentarse nuevamente a la cotidianidad donde alguna vez desarrollaron su dependencia.

Si bien sus servicios no son gratuitos, los Centros de Integración Juvenil A.C. realizan un estudio socioeconómico a los interesados, ya sea directamente aquellos afectados por la adicción, o a sus familiares cercanos, quienes muchas veces también requieren de apoyo psicológico, para poder garantizarles el acceso a dichos servicios a un costo accesible.

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