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PBRO. ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Con frecuencia el Papa Francisco ha denunciado el peligro de las ideologías, esos sistemas de pensamiento que, partiendo de alguna verdad constatable, la extreman y radicalizan, poniéndola al servicio de fines incluso opuestos a la verdad de la que parten. Las ideologías construyen conciencias falsas y fantasiosas, y adquieren tanto poder que ciegan a las personas frente a la realidad así la tengan enfrente.
El nazismo fue una de esas ideologías que, a partir de un pueblo esforzado y trabajador, el pueblo alemán, inventó la idea de que existía una raza superior a todas, y que tal raza era la alemana, esta superioridad total le daba a Alemania un destino específico, dominar a todos los pueblos de la Tierra.
Ser la raza superior y perfecta contrastaba con el hecho de que hubiese alemanes con discapacidades mentales o conductuales, así que se procedió a su eliminación, simplemente los asesinaban en los hospitales psiquiátricos. Pero si hay una raza superior y elegida para dominar el planeta, luego hay razas inferiores, y aún, razas nocivas que igualmente debían ser eliminadas. Eso hacen las ideologías, distorsionan, uniforman, desvirtúan, dividen, excluyen y anulan a los diferentes.
También se dan ideologías hechas para someter a las personas a partir de crearles una conciencia social de inferioridad, de dependencia y sumisión, de sentirse inútiles e incapaces de cualquier logro, siempre doblegados, educados sólo para obedecer, para dejar en manos de otros la responsabilidad y su futuro.

Nazismo, falangismo, fascismo, fueron todas ideologías europeas nacidas de una ideología previa llamada nacionalismo, ideología surgida a lo largo del siglo XIX, y que hacía de la nación y de la raza, los nuevos ídolos a los que se debía adorar. Los ideólogos mexicanos no fueron ajenos a este movimiento, lo asumieron y forzaron para hacernos creer una serie de verdades a medias y de mentiras completas, que a fines del siglo XIX produjo una historia de México uniformada y centralizada: todos fuimos aztecas conquistados por los españoles, Miguel Hidalgo nos libró de la esclavitud, y Benito Juárez nos emancipó de las ataduras clericales. A este nacionalismo político, muchos católicos opondrán un nacionalismo religioso, tan manipulado y parcial como aquel, ambas ideologías se mantienen hasta el presente, si bien con menor fuerza de la que tuvieron.
Desde luego que en este territorio no sólo había aztecas, existían más de 82 etnias distintas, la mayoría de los pueblos indígenas no fueron conquistados, se aliaron a los españoles, no existe una raza mexicana, existe una sociedad racialmente mestiza y plural, de tal modo que no hay un color que nos defina como específicamente “mexicanos”, de ser así, varios millones de personas dejarían de serlo, la evangelización ni fue impuesta con la espada, ni fue tan exitosa como se afirma por ignorancia o compromiso ideológico, Hidalgo jamás habló a sus seguidores de una independencia, ni Juárez pretendió exterminar al clero, ¿por qué cuesta tanto trabajo aceptar los hechos, y es tan fácil desfigurarlos?

armando.gon@univa.mx

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