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Desde el Corazón

LIC. LUPITA:
Nuestro hijo único de 16 años se ha involucrado en concursos de juegos en redes sociales y está obsesionado con seguir jugando. Ha dejado la escuela y se encierra mucho tiempo para estar pegado a su celular. Su papá y yo trabajamos duro para darle lo necesario y que se supere, pero evidentemente no estamos haciéndolo bien, pues sólo quiere superarse en habilidades para estos juegos.
Aidé y Joaquín S.

HERMANOS MÍOS, AIDÉ Y JOAQUÍN:
Para los hogares del siglo XXI y de siempre, es importantísimo fortalecer en positivo la dinámica familiar, debemos aumentar el tiempo de convivencia, las manifestaciones de cariño y propiciar el diálogo interpersonal, así como fomentar el contacto con la naturaleza.
Si observamos la historia, notaremos que los grandes cambios sociales traen ventajas en algunos aspectos y desventajas en otros cuando no los encausamos hacia el bien de la familia, núcleo básico de toda sociedad.
Podríamos decir, por ejemplo, que la revolución industrial (s. XVIII) sacó al papá de casa, la revolución sexual (s. XIX) sacó a la mamá del hogar, y hoy por hoy, la revolución digital (s. XXI) está sacando a los hijos, quienes están físicamente ahí, pero totalmente desconectados de sus padres.
De acuerdo a la ONU y a estudios recientes sobre los efectos del consumo excesivo de pantallas, que han sido publicados en la revista Journal of Integrative Neuroscience, se ha llegado a las siguientes conclusiones:

  1. Afecta negativamente las siguientes facultades: atención, concentración, aprendizaje y
    memoria.
  2. Afecta la regulación emocional y el funcionamiento social.
  3. Disminuye la salud física.
  4. Se desarrollan trastornos mentales.
  5. Favorece el consumo de sustancias.
  6. Déficit de sueño reparador.
  7. Provoca irritabilidad.
  8. Decaimiento que puede llevar a depresión.
  9. Empobrecimiento del lenguaje, bajo rendimiento escolar.
  10. Trastornos emocionales.
  11. Adicciones.
  12. Baja autoestima e inteligencia emocional disminuida.

Hay cambios necesarios en la historia de la humanidad, la ciencia y la tecnología nos permiten perfeccionar nuestro mundo, facilitar el trabajo, comunicarnos rápidamente. Sin embargo, si no apostamos por un cambio integral, considerando cuerpo y alma del ser humano, estos aparentes “avances” nos seguirán destruyendo.

Ciencia y tecnología sí, pero al servicio del hombre. Debemos recordar el valor de la persona y respetarla decididamente desde el momento de la concepción hasta la muerte natural. Hablemos con nuestros hijos y pongamos límites con amor.
“Padres, corrijan a sus hijos, pero no los desesperen” (Efe. 6, 4).


Lupita Venegas/Psicóloga
Facebook: lupitavenegasoficial

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